Hay que apretarse el cinturón

Los cubanos reconstruimos el modelo económico del país –y sin que haga falta que nos digan cómo. Ya estamos acostumbrados a batallar solos, sobre todo después de haber superado, con penas y glorias, una hecatombe interna que nos obligó a sobrevivir a toda costa.

Por un largo período de tiempo ha sido habitual no medir las consecuencias de los gastos y pedimos… y pedimos… y pedimos de todo. Es cierto que algunos aportan, pero no todos lo hacen, y quienes lo hacen, pocas veces hacen los cálculos correctos –es decir, echan a un lado la claridad en las cuentas-  y se construye, se fabrica, se crean o prestan servicios, en fin…

Ahora hay que apretarse el cinturón. La hecatombe es mundial y cada día se escuchan diversas noticias: de pueblos ahogados por los recortes, de indignados que exigen se les tome en cuenta, de acuerdos y desacuerdos, de trampas en el mercado e incluso –y eso lo sabemos bien los cubanos- de bloqueos y persecución financiera.

A cada colectivo de trabajo se le pide que revise sus cuentas, qué conozca de dónde sale el dinero que gastan, el que reciben, el que no puede botarse por la borda porque no hay más para dar e incluso en qué se emplea el que asigna el Estado, para como en mi Telecentro, crear bienes espirituales, esos que tanta falta hacen en época de strés y de escuatro también.

Si cada quien aprende a manejar los números de todos y los personales, comprenderemos el porqué todavía los mercados internos no satisfacen la demanda, o por qué nos quedamos sin un kilo cuando apenas termina el mes, por qué los precios de artículos necesarios se mantienen altos… y no le echemos la culpa solamente a la crisis mundial o al bloqueo imperialista, que existe y de qué manera.

Hace unos días, me contaba Pancho, el profesor universitario al que siempre recurrimos para que nos alfabetice en materia económica, que Cuba destina anualmente unos 200 millones de dólares de su PIB a pagar las consecuencias del bloqueo –en contratos de fletes, mercancías, intereses, en fin- y cualquiera pensaría ¿cuánto pudiéramos hacer con 200 millones de dólares más?

Ya la reunión de mi colectivo se hizo. Bastó pasar la mirada por rostros conocidos para ver desconocimiento, desconcierto, incredulidad, preocupación e incluso, desinterés. Habrá que aprender a manejar y ahorrar hasta el último centavo, porque, sin renunciar a la justicia social de mi Patria, los tiempos son otros y tenemos que aliviar de pesadas cargas al Estado que se ocupa de la Salud, la Educación, la Seguridad Social, comprar alimentos en el exterior, cuando los podemos producir aquí… y mucho más.

Hay que apretarse el cinturón, porque si se afloja algunos estarían prestos a darnos palmaditas y con qué avidez…. No seamos ingenuos, que la ingenuidad costó bien cara en la pasada centuria a los amigos de entonces, cuando aceptaron fórmulas de otros para rectificar sus propios errores.

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sociedad, Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s