Mi abuelo Ernesto

Lo que enseñó el abuelo...

Lo que enseñó el abuelo...

Mi abuelo Ernesto Cuartero ya no está entre los vivos. Pero dondequiera que ahora mismo esté, quisiera que fuera tranquilo, consigo mismo y seguro de los que tanto amó. Escribo estas líneas porque por estos días mucho se le ha mencionado, mucho se le ha recordado…

Mi abuelo fue un hombre bueno, que digo bueno, excepcional. Muchas veces le escuché decir que tuvo un sueldo fijo una vez que se hizo maestro, en la Escuela Normal, antes de la Revolución. Mi abuela le recordaba que antes “pasaron más trabajo que un forro de catre”, se conocieron bien jóvenes, se enamoraron y casaron.

Me hablaba de la factura que compraba en el pueblo –tenían la escuela en el Junco, lejos de la ciudad de Cienfuegos, allí criaron a mi madre y a mi tía. Que no supo qué era el hambre, que pudieron satisfacer sus necesidades básicas, que las dos hijas estudiaron, que eran felices.

Hizo de las suyas, como cualquiera y mi abuela recordaba esos episodios con un tanto de dolor, pero a la vez con resignación. Eran otros tiempos, en que el matrimonio habría de mantenerse para dar el ejemplo a los hijos, que era mujer de un solo hombre… y otras sandeces más.

Viví todos mis años –hasta que murió- bajo su mirada buena, aprobante, cariñosa, era su vida y me lo perdonaba todo. Le seguía como un perrito en la escuela, aún yo sin edad escolar, por aquellos años me gané el mote de Cachimbita, a él le decían Cachimba, pues siempre andaba con esa en la boca.

Mi abuelo era un hombre bueno, honesto. Recuerdo muy bien las historias que contaba: intervino escuelas privadas –dos colegios religiosos en Cienfuegos- había de todo lo que podía hacer falta en una casa humilde y jamás llevó nada a la suya. Se tildaba de comem… en esos momentos que cualquiera tiene, pero eso fue lo que aprendí, eso fue lo que me enseñó.

Fue un hombre consecuente consigo mismo. Un alma noble, jamás desatendió a los muchachos “descarriados”, sino todo lo contrario, eran a los que más apego tenía, muchos los conocí, eran los que más iban a mi casa, eran los que mejores atenciones recibían, a algunos los encuentro todavía y se lo agradecen. Estuvo pendiente de cada uno, de sus familias, de su seguir por la vida.

Me enseñó a ser honesto, honrado, a decir la verdad desde adentro, a dormir tranquilo. Para mi abuelo Cuartero nada era más importante que la familia, pendiente estuvo de cada quebranto de sus sobrinas, lo sufría como pocos, disfrutaba cada éxito más que nadie… sus únicas quejas eran cuando le faltaba la fuma o la mesa estaba floja, en ese momento era cuando mi abuela le recordaba las penurias de antes, las cazuelas de harina, el fogón de leña, la casita-escuela en el campo…

Mi abuelo siempre creyó en la gente y en ocasiones hasta fue ingenuo. Su pasión era enseñar, la escuela, sus maestros, sus muchachos… escribía con una letra totalmente legible, chiquita, sin un error ortográfico… el viejo Cuartero era una institución… Su sonrisa era amplia, muy amplia cuando alguien le decía Maestro, cuando le saludaban con cariño, cuando le agradecían la rectitud imprescindible para poder andar erguido por la vida.

Se jubiló y siguió activo. Hizo hasta guardias de noche por tal de traer a la casa unos pesos más, fue así hasta que su salud no le acompañó más y recuerdo días muy tristes, perdió la razón, fueron constantes las isquemias… Un día me levanté temprano, muy temprano para reportar desde el Escambray la celebración de un aniversario del Plan Turquino Manatí, al regreso mi abuelo había salido de casa para no regresar jamás, al menos por sus pies…

No sé qué diría mi abuelo Cuartero si despertara ahora mismo en el mundo de los vivos, si volviera a la escuela, si viera tanto egoísmo entre la gente, si algún padre le reclamara de forma descompuesta por el regaño a su hijo –seguro estoy que de la más compuesta manera-, se asombraría ante tanta agresividad, tanto desamor, tanta moral que no lo es. Estoy seguro volvería a enderezar comportamientos con la regla en la mano o con la palabra comprensiva que le caracterizó. A mi, por lo menos, me haría tanta falta mi abuelo y ahora mismo…

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1 comentario

Archivado bajo Cubanísimos

Una respuesta a “Mi abuelo Ernesto

  1. Maria Luisa

    Ernesto Cuartero fue el director de la primaria donde me eduque (Julio Antonio Mella), ja, 🙂 todavia lo recuerdo con su regla en la mano y su cachimba, que respeto infundia!, no miedo, el era accesible a todos los estudiantes, para mi fue un ejemplo en todos los sentidos, cuantas veces no me bajo con su regla el dobladillo de mi saya?, cuantas veces no senti el reglazo en una de mis canillas?. Yo creo mucho en el ejemplo para educar a una persona y en la rectitud. De el aprendi los valores que hoy en dia conservo. Duele ver como hoy en dia los padres le reclaman a los maestros por corregir a sus hijos (por eso hay tantos descarriados). En mi epoca a ningun padre se le ocurria ir a discutir un reglazo en una canilla dado por cuartero, sabian que algo malo habia hecho su hijo y le agradecian por su correccion. Para mi en todo el sentido de la palabra fue el mejor director de escuela que haya tenido cienfuegos. Descanse en paz un grande de grandes!

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