El viejo Otero

El gallego Otero, un científico popular

El gallego Otero, un científico popular

Hace apenas unos días le vi en la Sala de Cuidados Intensivos del Hospital Provincial de Cienfuegos. Llevaba más de un mes ingresado y su dolencia no cedía, pese al cuidado de todos, pese al cariño de muchos y la preocupación de otros tantos… el viejo se lo merecía.

Le conocí en su finca, hace años. Me llegué hasta un poco más allá de La Sierrita –poblado del Guamuhaya cienfueguero-  en varias oportunidades, por suerte, siempre por razones de trabajo; primero a “descubrir” su espacio de sapiencia popular, luego durante la construcción de la Sala Museo de Sitio de las Plantas Medicinales en Cuba, después a su inauguración, a aprender sobre las abejas de la tierra, otras, sencillamente a escuchar buenas historias.

Museo de Sitio de las Plantas Medicinales de Cuba

Museo de Sitio de las Plantas Medicinales de Cuba

Cada vez que subíamos las lomas, nos llegábamos a la casa del gallego Otero. Nos recibía contento, no porque la visita se convertía en una aparición en la TV, sino porque disfrutábamos de su compañía, de su desatinado hablar –nos contaba que lápices, libros y libretas nunca fueron su fuerte, mas sabía y mucho de la vida-, compartíamos la mesa familiar, de las atenciones de la esposa o el revoloteo del pequeño nieto aprendiz de los secretos naturales.

Atendía a todo el que buscaba consuelo en su sabiduría verde

Atendía a todo el que buscaba consuelo en su sabiduría verde

Aprendió del padre a conocer las plantas –sobre todo las que curaban el cuerpo-, que durante muchísimo tiempo esas sí las estudió, las sembró, las cuidó, las regaló cuando alguien buscaba consuelo en el remedio verde a las enfermedades. Siempre había personas, y de todas partes, pidiéndole “recetas”, que bastaba arrancarlas a un pedazo de tierra…

Aunque Tania –su hija- se ocupaba de hacer trascender sus conocimientos, varias veces hablamos de no dejar morir con Enrique tantos conocimientos guardados sin celo, luego supe que serían compilados en un libro, que se editaban folletos, que unos y otros ya se habían propuesto extraer a la mente del viejo, lo que a las plantas le viene por naturaleza.

De su existencia contaba los trabajos de la infancia, la adolescencia-adultez que dedicó primero a la lucha, después a consolidar la soberanía patria, que Raúl –el Presidente cubano- estaba al tanto de sus dotes de científico popular y que impulsaba el proyecto de socializarlos, no solo en productos, sino también en letra impresa para que no se perdieran…

El gallego Enrique Otero fue hombre bueno, sencillo, campechano, sabio… cubano. Solo al saber de su muerte me han dicho que nació en 1926 –él decía no acordarse, no sé porqué-, seguro era por guardar para sí ese halo de misterio-transparencia que le rodeaba. Guardaré para mí esa imagen, de alta corpulencia, de andar despacio, de manos rudas y suaves para sus plantas… le debo la visita a Tania para hablar del viejo…

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Cubanísimos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s