Dos más dos, ¿es igual a cuatro?

Por Boris Luis García Cuartero

Lo dice la matemática, y la vida también

Lo dice la matemática, y la vida también

Creí meterme en camisa de once varas –alocución muy cubana cuando uno entra en aprietos- al asumir la indagación, escritura y puesta en pantalla de un programa económico. Y es que la idea inicial partió de un colega, únicamente debía convertir sus inquietudes en imágenes y sonido, pero tuve que empezar solo…

Alguien me dijo en una de las entrevistas ya realizadas, que me quedaba poco menos de un año para ingresar en siquiatría, si mi intención era desentrañar las incógnitas de la economía cubana, con sus defectos y virtudes, con la ignorancia -¿exprofeso?- de algunos funcionarios o de los propios creadores de bienes y servicios, para luego hacerla potable, comprensible, asimilable y hasta justificable para las grandes mayorías.

Hasta el momento la experiencia no me ha llevado a alarme los pelos, aunque sí a pensar, repensar, replantear, cuestionar y al asombro. ¿Cómo hemos sobrevivido?, ¡cuán necesaria es la educación económica para todos! ¿cómo es posible hacer la magia de administrar la economía doméstica y luego no poder llevarla a la macroestructura? ¿incultura, dejadez o “arriba se resuelve”? No en balde he escuchado decir que vivimos sobre un corcho…

Es imprescindible el salto...

Es imprescindible el salto...

Hemos construido una sociedad en la que las riquezas se pretenden repartir por igual, para el que aporta y por error también para el que no. Lo importante sería siempre equiparar las oportunidades, gastar en aras del desarrollo social, sin medir costos, sin saber cuánto reportaría en utilidades –netas o espirituales-, pero se nos olvidó el control, la inteligencia necesaria para reconocer que dos más dos es igual a cuatro, en cualquier economía.

Somos un pueblo instruido  –gracias al millonario presupuesto que se emplea en la educación-, también tenemos un estado sanitario con reconocimiento mundial –millonarias son las erogaciones para la salud- , atletas de talla universal –otros tantos miles y miles para el deporte- y el soporte técnico o tecnológico para desarrollar diversas actividades, con la consiguiente cuota de finanzas, salidas de aquí y allá.

Todo eso es cierto, incuestionable, mas pudo haber más y tendrá que en el futuro haber más, pues si no ajustamos la economía interna a las tambaleantes condiciones del mercado mundial, si no somos capaces de hacer dentro de las fronteras nacionales, sucumbiremos en el intento de mantener lo hasta ahora logrado.

Es inconcebible que la formación de precios cargue con la ineficiencia empresarial, que se desconozca el cuantificar en cifras la calidad de un servicio; lo que se debe escatimar para curar el cuerpo, incluso sin escatimar; o mover en analogía al tablero de ajedrez los incumplimientos de un rubro, hacia otros más dúctiles y así zanjar los compromisos.

El salario es apenas simbólico acto de retribuir el trabajo, pero es que la productividad es baja; la contratación todavía se esquiva, porque el cubaneo empresarial puede que de resultados; los precios, los altos precios responden a qué ¿¿¿¿¿?????; algunos prefieren saltar por sobre la ética… los mismos que caen en sobresalto cuando son descubiertos.

y el equilibrio también...

y el equilibrio también...

La suerte está echada. Sin apremios –y con apremios- hay que aprender a manejar mejor los recursos, volver a repasar las matemáticas aprendidas durante la edad escolar y sobre todo, tomar conciencia de que trabajamos los unos para los otros, así que al fallar por un lado, fastidiamos al que cerca nos queda.

El camino está abierto a la inteligencia; la conducción es sabia y “desde arriba” se acabaron las contemplaciones, los subsidios que desgastan y malgastan; he notado que la gente carga las pilas –los decisores aprenden, a veces a duras penas, pero tienen que aprender-; se revoluciona el pensamiento, poco a poco, para concretarlo en acción… la economía interna comienza a sacudir los vicios, las malas costumbres, el desconocimiento…

Tengo la esperanza de no terminar siquiátrico en fecha próxima, aunque si llegara el momento, me gustaría antes volver a comprobar –como me enseñaron en la enseñanza primaria- que dos más dos no son seis, sino cuatro.

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