Los Cinco y un viejo refrán

Por Boris L. García Cuartero

Reza un añoso refrán que toda defensa es válida o permitida. Basta con que una buena causa sea la razón y cúmplase con la sabiduría popular –aunque sirvan estas palabras para defender lo insostenible también, pero eso es harina de otro fardo.

Cinco hombres fueron descubiertos –por acto de mala fe-, enjuiciados y encarcelados. Uno ya cumplió su condena solo tras las rejas, porque todavía le retienen en Miami bajo risible y repudiable término que supervisa su proceder, en el cual incluyen no reunirse con terroristas, cuando su “condenable pecado” fue luchar, precisamente, contra el terrorismo.

Y la defensa de Cuba fue esa: penetrar el terrorismo que se gesta desde las noventa millas náuticas para destruir un proyecto o a un pueblo, que no merece ser golpeado, estrangulado y subvertido por vivir como quiere, en mejores circunstancias sí, pero diseñadas desde adentro, hechas a sudor limpio de quienes fundan, no en el entreguismo o imitaciones fútiles, como nos quieren convidar.

Para cambiar o contrarrestar la obsoleta política hacia Cuba -mejor aún el empleo hostil de una política-, pudiera ser preciso emplear cinco, seis y millones de cubanos; también sería solución un cambio de mentalidad en el adversario, incapaz de comprender las razones de un pueblo que no entregará jamás su libertad a cambio de colonizar el futuro.

El calificativo de espías a los Cinco se debate entre las dos acepciones del término: 1.Persona que con disimulo y secreto observa o escucha lo que pasa, para comunicarlo a quien tiene interés en saberlo. 2. Persona al servicio de una potencia extranjera para averiguar informaciones secretas, generalmente de carácter militar.

Y dejo a su respetable conciencia, inteligencia o capacidad de discernir el “cartelito” para calificar a Ramón, Fernando, René, Antonio y Gerardo y hago lo mismo para el caso de la desprestigiada oposición interna, la mal llamada disidencia y ahí si le cuelgo el que me da mi cognición, juicio o  aforo para distinguir: son apátridas.

Porque a pesar de su nacionalidad, ven la ajena –modo USA de vivir, con su política global incluida- la solución a los problemas internos que nos aquejan, que nos hacen la vida casi imposible, pero que para hacerla posible trabajamos, con desgaste incluido, solo que con el convencimiento de que nos corresponde a NOSOTROS, cambiar lo que debe ser cambiado, sin la intromisión desde fuera de fronteras.

Sin plataforma cubana para la transformación interna, los publicitados y bien pagados “disidentes” toman la invalidez de sus argumentos para defender una causa innoble. Por el contrario más de Cinco defenderemos la validez de vivir libres, muy a pesar de las dificultades, nos anima el viejo refrán.

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