El eslabón perdido

Por Boris L. García Cuartero

En la apertura al trabajo por cuenta propia un eslabón perdió la cadena. Para que la concatenación de voluntades llevara, en definitiva, a que el Estado cubano se sacudiera un pesado fardo –algunas de nuestras ineficientes prestaciones- la fijación de oficios debió ser más explícita y a la vez concisa.

Cierto que la asimilación, funcionamiento y probatoria debía ser sobre la marcha, aunque antes hubo un estudio, para evitar las precipitaciones que condujeran a errores, solo que uno ya pide a gritos su revisión, pues el rechazo popular es evidente al gravar la economía familiar con “impuestos” inmerecidos y altos, por cierto.

Se trata del revendedor –sí, aunque no aparezca en el listado oficial-, ese que acapara artículos diversos, útiles, deficitarios, de rápido movimiento en las tiendas, para luego especular un poco más allá del establecimiento o en la propia entrada, en franco desafío a la dignidad de quienes no llegamos a tiempo para comprarlo al precio oficial.

Esta figura se vale de su autorización a vender por cuenta propia, y carga por cantidades lo mismo un tomacorriente que alimentos con precios de oferta. Impone su “valor agregado” y el que está en apuros y con dinero, caerá en la trampa legal de un negocio que promete en la Isla si no se le pone freno, porque se adquiere dinero fácil, sin grandes esfuerzos y porque enreda en su madeja a almaceneros, dependientes y algún que otro cómplice de ocasión.

Muchos opinan –entre los que me incluyo- que el verdadero trabajador por cuenta propia crea su propio valor agregado a la cuenta de hacer, no de revender, como es el caso de artesanos artistas que fabrican calzado, bisutería u otros. Por cuenta propia recompensa en valor de cambio su gestión aquel que elabora alimentos, aún sin un mercado mayorista que aparecerá para los particulares, por el bien de nuestros bolsillos y del equilibrio oferta demanda en el mercado interno.

Pero comprar aquí para vender más caro allá, solo induce a fortalecer egoísmos, esos que afloran en tiempos de crisis como la mala hierba infecta los campos donde debiera florecer la comida. Acaparar y especular a costa de la escasez es un mal hábito, repudiado durante años por el daño social y moral que genera, mas darle visos de legalidad sería como sembrar marabú en tierras fértiles.

Pagarán impuestos estos vendedores de nuevo tipo, pero a qué costo –y quién evaluará con certeza sus ingresos-; dirán que le acercan un “servicio” a casa, pero con qué precios; mientras unos emplean talento para crear, estos tienen más de pillos que de benefactores y lo peor, hablan de transformar y nuevos modelos económicos como autodefensa constitucional.

A pasos firmes avanzan los cambios internos, mas habrá que calcular bien los pasos para no volver a errar; son tiempos difíciles para todos, pero lo imperdonable sería comprometer lo que en materia de enseñanzas aprendimos todos alguna vez y que debe perdurar.  

 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sociedad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s