Lecciones enseñadas y aprendidas

Por Boris L. García Cuartero

Me resisto a creer que todo tiempo pasado fue mejor, porque, precisamente, me enseñaron que todo tiempo futuro debía ser mejor… aunque ahora me parezca que un enrevesado camino se nos viene encima y créame, no es pesimismo lo que me alienta a seguir por el sendero de la vida.

Mucho se habla de valores transformados –para no decir perdidos-, mas, me enseñaron que por dialéctica del decurso, la conversión siempre sería para bien, es decir: personas más educadas, también instruidas, claro está; con sentimientos más solidarios, libres de todo mal para si y para el resto de sus semejantes; menos agresividad, verbal o corporal… y la lista podría hacerla infinita.

Aprendí en casa –y sin ser practicante religioso- a amar al prójimo, a compartir el pan que hubiese en la mesa, a no envidiar la suerte de mis semejantes, a no matar, es decir, evitar la violencia… me vi rodeado siempre de los alumnos “malos” de mi abuelo, esos me que acompañaban a la escuela, compartían el café de la casa, hacían algún que otro mandado de la abuela, siempre solícitos y cariñosos… y eran los “malos”.

Inculcaron en mi el vivir con lo que podía tener –y tuve juguetes chinos, zapatos, no faltó jamás alimento a la hora de comer, por tanto no recurrí a la fórmula mágica de agua con azúcar y pan para calmar el sueño; me vistieron con lo que había, compartí lo que tenía, hasta el pitusa Swan y los de mi generación sabrán que me refiero al pantalón de mezclilla con etiqueta de colcha china, por aquello de sustituir a los inalcanzables Lee, Lois o Levis Strauss… que después también los tuve…

También me inculcaron a no estar satisfecho nunca, a crecerme ante las dificultades, a hacerme algo en la vida… sin pasarle por encima a nadie, sin echar a un lado a nadie, todo por mi, por mi valía, a costa se sacrificios, sin reptar y mucho menos adular…

Tuve, y después regalé a los que me siguieron en el barrio, trenes, aviones, carros de policía, grúas y hasta bicicleta rusa –adquirida gracias a una cola de muchos días, con rectificación de madrugada y todo, erradicadas para siempre por un bombo cruel, del cual salían los números para una lista que ordenaba el orden de compra; por suerte para mi, aparecido cuando cumplí los trece años, último año de juguetes regulados.

En las lecciones que me enseñaron no estaba ni el odio, ni la venganza, ni la intolerancia, ni siquiera el desprecio hacia aquellos de “dudosa” conducta, de los cuales me orientaron alejarme, pero nunca “ponerle la tapa al tanque para que terminaran de ahogarse”… la socialización vino al becarme desde séptimo hasta grado doce.

Y durante esa etapa reafirmé los conocimientos, lo he dicho muchísimas veces, parece que más en los últimos tiempos, cuando se me acerca la “media rueda” y uno repasa hacia atrás, máxime si le preocupa cómo seguir adelante, sobre todo porque vislumbra la incertidumbre en el comportamiento humano.

Todavía hoy, pese al tiempo transcurrido y los diferentes caminos que hemos tomado cada uno, persisten aquellas lecciones de compartir –y lo hacen también los que fuera de fronteras viven en esas sociedades que, dicen, deshumanizan, sin embargo, siguen tan humanos como cuando estábamos en plena adolescencia y juventud; pudiera poner ejemplos como “tirar el cabo” cuando no alcanza el seguro para pagar las atenciones médicas de un hijo… es evidente que aunque lejos están, aprendieron bien…

Vemos con orgullo los éxitos de otros y cuando nos encontramos, parece que fue ayer cuando dejamos de vestirnos igual, comer igual, fiestar y joder por igual… alguien recordó hace unos días que solo uno de nosotros tenía un reloj Rolex, que exhibía a golpetazos para probar su dureza o metía en el agua, para que viéramos que era “waterpro”…sabrá Dios dónde rayos está ese comem…

No se cómo ni porqué –hay quienes culpan al llamado período especial- las lecciones de humildad se han convertido en ostentación; las de amar al prójimo devienen en miserias humanas; la capacidad de servir se transforma en “machucar” y “luchar” es tan contemporáneo, que de no cuidarte bien las espaldas, terminas con el puñal de las malas acciones clavado hasta el tuétano…

Me he propuesto no ser pesimista, pero a fuer de ser realista ¿cuántas lecciones han sido transformadas, confundidas u olvidadas…?

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