Lo que faltó a la crónica por el cumpleaños 50

Por Boris L. García Cuartero

Escribí la crónica anterior con la emoción a flor de piel, apenas llegado de Santa Clara, aun embragiado solo de renovadas energías, porque me propuse no sobrepasar los límites del alcohol permisible en sangre. Me faltaron detalles que contar, se quedó el agradecimiento a nuestros hermanos de Santa Clara, que se esmeraron en una fiesta inolvidable.

Habíamos quedado desde el pasado año que esta vez sería la más grande, porque lo merecíamos. Como no nos pusimos de acuerdo, decidimos hacer una en Cienfuegos –fue en junio- y otra en Santa Clara, en la cual nos quedamos también esperando a los hermanos de Sancti Spíritus, según dijeron en el “Venecia”, porque la guagua nunca llegó y unos cuantos se quedaron embarcados y con un berriche del carajo.

La tropa organizadora de la fiesta se la comió en todos los detalles –no digo nombres porque si dejo alguno fuera me busco la desagradable y a esta edad la memoria falla… ah y la gente se pone susceptible-, además de la comida y la bebida, por la música apropiada para unos cincuentones, por recordarnos a los que no están porque la vida acabó antes de tiempo, por las palabras hermosas de cada improvisada o no intervención de los improvisados oradores… por la jodedera multiplicada hasta en los más serios de entonces.

Se ocuparon de hasta hacernos recordar las maldades que hicimos y que se resisten a la prueba del olvido; las parejas de antaño –hoy con otras parejas e hijos- y sin escuchar las voces porque no se qué pasó, pues estaba previsto, dieron detalles de cada uno que llamó desde sus actuales lugares de residencia, leyeron los mensajes a móviles…como el de Polo, que lo primero que dijo fue que no llamaba porque no tenía dinero…

Tantos han cambiado físicamente que algunos nos fuimos con la pena de no haberlos reconocido –bueno, lo hemos hecho todos, esa es la vida y a veces hasta se comporta con crueldad-, pero igual, hablamos del ayer, del ahora y del mañana como si fuera tan común el conversar todos los días, sin poses importantes para quienes hoy dirigen colectivos, o han viajado el mundo por razones de trabajo y de placer, o por ser personas públicas por nuestro desempeño… volvimos a ser los iguales de kikos plásticos y uniformes azules.

No hubo distingos, nada de mesas protocolares ni protocolos, volvimos a compartir esta vez los hijos, los alimentos para picar y el vaso para tomar cerveza o ron, como antes lo hicimos con la ropa escolar, el cepillo de dientes o el jabón y la pasta dental. Renació el contacto perdido, ahora gracias a la tecnología con el intercambio de direcciones electrónicas o números de móviles –con la aclaración de no abusar porque las tarifas son un abuso…

Todavía no me perdono no haber reconocido a El Suini de primera y pata… tuve que preguntarle a Hugo y Abelito quién era aquel que todo el mundo abrazaba, besaba y se quería retratar con él… hice lo mismo apenas me dijeron de quién se trataba… las veces que fui a su casa en Santa Clara y disfrutamos de la decencia y el amor de su familia, de la veces que escuchamos música, alguna que otra prohibida entonces por ser diversionismo ideológico…sin comentarios.

Y como nunca nos alcanza el tiempo para compartir, quedamos en volver a reunirnos el año que viene, pero con la condición de no hablar más de la edad, para volver a sentirnos chiquillos, los mismos muchachos valientes que nos alejamos de las casas y crecimos juntos, que fuimos a los quinces de las compañeras en cualquier lugar de la región central de Cuba, que nos repartíamos en verano las visitas para ir a la playa, a los carnavales o por cualquier motivo, el principal era seguir juntos…

De nuevo gracias a los hermanos de Santa Clara, lo comentamos camino a Cienfuegos y como el orgullo es algo que no se nos desprende, tendremos que organizar una por estas tierras que no se si será en una plataforma en medio de la bahía o algo por el estilo… aunque lo importante es divertirnos, mantener viva la amistad y la vitalidad que tenemos como muchachos de 50 años que somos.

Sigue siendo Santa Clara la otra ciudad que más me gusta a mi.

 

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4 comentarios

Archivado bajo Cubanísimos

4 Respuestas a “Lo que faltó a la crónica por el cumpleaños 50

  1. juan carlos suarez

    Gracias Boris pero no sabes lo mal que me pongo cuando no puedp recon ocer algunos saludos hermano juanca

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    • Es que nos pasamos mucho tiempo sin vernos… y el tiempo pasa hermano y nos deja sus huellas. Tranquilo, a mi me pasó lo mismo, en algunos casos logré recordar, en otros lamentablemente no, pero todos las pasamos bien, como cuando éramos unos muchachos y nos hicimos hermanos. un abrazo

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