Envejecer no es tan malo como dicen…

Por Boris L. García Cuartero

 El hecho de haber llegado a la media rueda no constituye todavía una preocupación –que nadie se equivoque. Es como para meditar si, pero tampoco es como para halarse los pelos, diría en buen cubano, sobre todo si uno descubre que la edad promedio de las personas incorporadas a los círculos de abuelos alcanza los 80 años en Cienfuegos.

 Y estas instituciones no son un “almacén de viejos”, los adultos mayores que confraternizan en estos lugares, mejoran su autoestima, realizan ejercicios físicos, actividades para estimular la espiritualidad, así como habilidades adquiridas durante el decurso y sobre todo se sienten útiles, atendidos por el sistema de salud y tienen una alimentación adecuada. También existen otras opciones para aquellos que aún realizan actividades sociales o intelectuales porque su capacidad y adaptación al paso largo del tiempo así se los permite.

 Mi provincia tiene la particularidad de ser una de las más envejecidas de Cuba –por encima del 17 por ciento de la población total-, aunque el fenómeno toma notoriedad en el mundo moderno ante el crecimiento sostenido de la esperanza de vida al nacer que en la Mayor de las Antillas es de 76 años para los hombres y 80,2 para las mujeres, lo cual obliga a una geriatrización de los servicios indispensables.

 La práctica de ejercicios físicos ha sido una de las opciones más a la mano de quienes superan los 60 años de edad, pero solo el 25 por ciento de estos cienfuegueros están incorporados al movimiento en centros de trabajo, hogares de ancianos, casas de abuelos o en la comunidad, mientras los profesionales de la Cultura Física y el Deporte lo asumen como prioridad, en aras de propiciar actividades intergeneracionales, disminuir el empleo de fármacos, y por ende, mejorar su existencia.

 Entre la Universidad del Adulto Mayor, el programa del Instituto Nacional de Deportes y Recreación y la atención familiar, envejecer en Cuba no es problema. No hay que halarse los pelos, sino asumir esa etapa de la vida con la dignidad que merece; dichoso el que llega a viejo, decía mi abuela, más si la dicha nos rodea, digo yo.

 

 

 

 

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