…hace 55 años, en la memoria de mis abuelos…

Por Boris L. García Cuartero

El cinco de septiembre de 1957 mis abuelos vivían en la calle Cid, entre Dorticós y La Mar –casa en la que me crié y crecí hasta pasados los 30 años de edad. Por tanto las primeras historias relacionadas con el hecho histórico más trascendental de Cienfuegos las escuché de boca de los padres de mi madre, de la vieja María, de Severo, del resto de los vecinos, luego aprendí más en la escuela.

Cada año era como revivir aquel amanecer de metralla, libertad y muerte, pues la peregrinación hacia el cementerio Tomás Acea pasaba por de mi casa… siempre con Adolfina –una vecina del barrio- tomada de la bandera cubana, la que llena de flores devino símbolo de respeto y admiración por los héroes y mártires de la gesta.

Relataba mi abuela que la metralla se sentía cerca –aunque separan unas cuantas cuadras de mi antigua dirección al parque José Martí, escenario del levantamiento popular armado-, la incertidumbre, el miedo, la zozobra, luego la angustia, el dolor fueron sentimientos que se mezclaron entre quienes no sabían qué pasaba… pronto circularon los rumores: un grupo de valientes arremetía contra los principales enclaves de la tiranía batistiana.

María y Severo vivían en la casa pegada a la mía, solo nos separaba una cerca de ladrillos que prácticamente nos hizo convivir como familia. Luis, uno de sus hijos, se sabía andaba en actividades revolucionarias y su madre sospechó que ese cinco de septiembre estaba entre los combatientes… y tenía razón. Decía mi abuelo que María no sabía qué hacer, mientras Severo, le trataba de tranquilizar, claro era más sosegado de carácter, pero no menos severo cuando hacía falta.

A las calles se lanzó la vecina en busca del paradero de su hijo. Todos tenían una razón para pensar en los riesgos de la acción, en sus consecuencias, pues la respuesta de la soldadesca del régimen no se hizo esperar… se intensificaba la metralla, los vuelos de los aviones, el sonido inconfundible de las bombas, el olor de la pólvora y la muerte precipitada…

A las horas, delante venía la guardia rural gritando: ¡cierren puertas y ventanas, cierren puertas y ventanas…! Los más osados -¿o curiosos?- solo atinaron a mirar por las rendijas de puertas y ventanas… como mi abuela, otros vieron pasar al camión cargado de cuerpos ensangrentados, mezcla de muerte y últimos estertores, que conducía hacia el cementerio a los masacrados y capturados ese día de corajudo amanecer, de hombrada sin límites para la historia de la ciudad…

Cienfuegos fue un hervidero durante las horas que siguieron al quinto día del noveno mes del año 57… pero también lo fue antes, cuando marinos de Cayo Loco compartieron sus armas con los civiles del Movimiento 26 de Julio y tomaron el recinto militar, asaltaron el colegio San Lorenzo para doblegar al Ayuntamiento, esparcieron sangre, vida, heroísmo y ejemplo en el parque José Martí, convirtieron a la ciudad en la primera libre, al menos por unas horas, de la bota batistiana, contra la que también se luchaba en la Sierra Maestra…

Para tranquilidad de María y Severo, Luis estaba entre los sobrevivientes, entre los que pudieron escapar a la feroz represión y cacería desataba durante los días posteriores –ahora que lo recuerdo, nunca le he preguntado a Luis cómo lo logró. Para el resto de los viejos de mi cuadra, y que ya no están muchos en este mundo, quedó la huella de leyenda, repetida cada año en el peregrinar cienfueguero por la calle de mi infancia…

Han transcurrido 55 años y vuelve el pueblo a tomar las calles, esta vez como tributo; regresan los pioneros como asaltantes de futuro a tomar el escenario de los hechos y luego en el obelisco a la memoria de los mártires las flores, el respeto, la admiración, el ejemplo honrarán la honra de aquel Cinco de Septiembre de 1957…

Esta vez veré nuevamente pasar a cientos de cienfuegueros, con la bandera cubana al frente de la marcha… ¿vendrá Adolfina tomada de una de sus puntas…? Supe que su salud ya no le acompaña, pero si tiene fuerzas para hacerlo, no dudo que caminará la misma senda que marcó el día más glorioso de mi ciudad natal…

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2 comentarios

Archivado bajo Sociedad

2 Respuestas a “…hace 55 años, en la memoria de mis abuelos…

  1. Barbaro H.

    Honrar,Honra……!!!!!!!!!!!!!!!
    Jose Marti.

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