Aquel momento histórico

Por Boris L. García Cuartero

Me tocó en la etapa de definiciones un momento histórico que para nada es el actual. Le parecerá rara esta afirmación –cuando no tonta-, pues cada época es eso, la que te tocó vivir; pero los de mi generación hemos visto pasar unas cuantas etapas: nacimos en plena efervescencia por el cercano triunfo revolucionario, despuntamos en otra de consolidaciones y franco enfrentamiento ideológico en el mundo, nos topamos crecidos con el llamado derrumbe de las ideologías y seguimos en otra, más compleja aún y de futuros inciertos.

Destrabo lo que parece un trabalenguas. Ahora desde la madurez cuando uno mira hacia atrás comprende, o no comprende, más de cuatro cosas. Me viene a la mente, por ejemplo, aquello que se puso de moda como diversionismo ideológico y a estas alturas del campeonato me pregunto: ¿qué fue lo que quisieron inculcarnos, a qué le tuvimos tanto miedo, sí miedo, de qué y para qué nos sirvió “eso”?

Nos privamos de veinte cosas –o nos privaron- para no “contaminarnos” con un modo de pensamiento, de proyección o de comportamientos propios de una edad, que decían nada tiene que ver con nuestro proyecto social, que de manifestarlo le hacíamos el juego al enemigo ideológico… pero ¿nos convencieron? ¿aprendimos qué? ¿nos hicimos más fuertes ideológicamente? De eso conversamos hace unos días los de mi generación y a la altura de 50 años vividos, y créame le encontramos muchísimas respuestas, ninguna parecida.

Escuchar a los Beatles o Santana era un sacrilegio; dejarse el pelo largo, pintarse los labios para protegernos del intenso frío en Santa Clara, era maric…; seguir la moda de “afuera” era tener rasgos de pequeñoburgués –cuando menos, ese era el calificativo- y se te ponías una prenda con algún cartelito en inglés, hum… Si te sorprendían escuchando las estaciones de música del otro lado, te costaba la beca y si maltatabas la propiedad social… ¡diversionismo ideológico!

Pintarse el pelo o ponerse un arete, mejor no repito la grosería; andarse de camisetas y chancletas en la calle, ya sabe, gente chusma –para nada acorde con nuestra sociedad-, que impulsaba por ese tiempo una educación revolucionaria, de formación integral, alejada de esteriotipos foráneos… y buena que era, por cierto; sin modestia alguna, digo, somos el fruto.

De cuánto nos privaron o nos privamos… y ahora los muchachos se visten como les da la gana, se ponen lo que mejor les parece, con banderitas americanas y todo; los cartelitos de reconocidas marcas están en nuestras “exclusivas” boutique o pululan en el mercado subterráneo para emerger en las calles sin que nadie te acuse de diversionista y la música, ah, la música suena lo mismo en la radio que en la televisión, salvo aquellos que en cualquier idioma, han cometido el sacrilegio de crucificar a Cuba, sus dirigentes o al proyecto social que tenemos porque nos da la gana.

Deberían colgarle el cartelito del diversionismo a muchos de los que de diferentes formas maltratan a la sociedad –algunos con responsabilidades, militancia y falso prestigio-, pero el término ya no se escucha, y debe ser el momento histórico… aunque otras palabritas, igual de contradictorias y panfletarias, sirven para calificar al que piensa diferente y lo dice; o al que no acepta “muelas”, ni imposiciones absurdas o no permite se le manipule, cuan planta sembrada en una maceta, que puedes mover a tu antojo, sin el consentimiento arbóreo.

Tantos andan a la sombra del camino, callan, simulan, se aprovechan o capitulan. Cuanto daño hace la mediocridad entronizada en ciertos poderes, el montarse en el carro de la historia y dejarse conducir; la aparente afiliación, el favoritismo, la indolencia, la soberbia y el cuidar las ventajas que vienen con la plantilla de cargos, sin sacrificios, sin ejemplo personal, sin saber lo que es conducir para fundar… sin fundamento ideológico alguno…

Muchos de mi generación ya no están en el país y fue su incuestionable elección –quizás se cansaron de esperar la mejora con que hemos soñado y que no llega-, los más seguimos aquí, en la búsqueda y con contribución incluida para esa mejora que no llega. Pero todos crecimos con muchas virtudes que conservamos pese al cambio constante de momentos históricos y es que, parece, aprendimos bien la lección por el ejemplo de padres, maestros y de seguro, el momento histórico.

A fin de cuentas ¿qué era eso del diversionismo ideológico? ¿por qué le temimos tanto, tanto que nos escondíamos para escuchar la música extranjera, ver los videos que ponían en los canales de Miami, esos que entraban como un cañón en Santa Clara? A fin de cuentas la ideología no se acuña en frases hechas,  ni en disposiciones de ocasión… ha de formarse durante y para toda la vida… son los seres humanos los encargados de moldearla, darle color y vida, con el ejemplo veraz y comprometido, en el momento y para todos los tiempos de la historia.

 

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4 comentarios

Archivado bajo Sociedad

4 Respuestas a “Aquel momento histórico

  1. Barbaro H.

    La diversidad nos permite entender mejor la complejidad del mundo actual!!!!!!,por que temer a ser diversos.?????????????

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    • he ah la esencia, solo que nos cuesta mucho trabajo entenderlo, no se porqu.. en la medida en que el mundo cambia vemos con mayor claridad cun diversos somos… pero hay a quienes parece les conviene perseverar y no precisamente para bien

      ________________________________

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    • Gracias por su gentileza de llegarse hasta este pedazo de Cuba, con sus vaivenes y esperanzas. Tengo ideas sólidas, enseñadas desde pequeño, adecuadas a cada momento histórico, pero con un solo principio. Podemos seguir enlazados en un mundo donde la información fluye sin fronteras.

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