Demente porvenir

Por Boris L. García Cuartero

Acabo de leer que para 2050 habrá en el mundo 150 millones de personas dementes, un incremento considerable si ahora mismo viven junto a nosotros 38 millones de semejantes que han perdido la capacidad de recordar ciertos episodios, tienen dificultades para realizar tareas conocidas y habituales, se desconcentran fácilmente, tienen dudas para encontrar las palabras adecuadas o pierden el hilo de una conversación…

Se trata de más personas que padecerán la enfermedad de Alzheimer, afección con una prevalencia en la población cubana de uno por cada diez coterráneos en edad superior a los 65 años y con pronósticos de crecer hasta llegar a 300 mil insulares en 2040, es decir el 2,7 por ciento de la población general, si no se logra una cura efectiva antes de esa fecha.

De acuerdo con la información ofrecida por el Doctor en Ciencias Médicas Juan de Jesús Llibre Rodríguez, Presidente de la Sección Cubana de Alzheimer, después de los 65 años, la probabilidad de enfermar se duplica cada cinco años en la misma medida en que avanza la edad y a los 85 la probabilidad se aproxima al 40 por ciento. Es la primera causa de discapacidad para quienes llegan a la tercera edad y genera necesidad de cuidados, sobrecarga económica y estrés sicológico en el cuidador.

Es preocupante tal pronóstico en un mundo que tiende al envejecimiento –Cuba entre los países con una importante población añosa-, no obstante reconocerse los factores de riesgo prevenibles, como adoptar estilos de vida saludables, controlar la hipertensión arterial, diabetes mellitus, el colesterol elevado, la obesidad y el hábito de fumar.

El profesor Llibre asegura que el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa de naturaleza compleja y de origen multifactorial, consecuencia de la interacción entre factores genéticos predisponentes y agentes exógenos ambientales, cuyos síntonas conducen a cambios de conducta, de personalidad, declinan las habilidades para planificar, adoptar decisiones, se manifiesta incapacidad para reconocer familiares y amigos, hasta que ocurre una pérdida severa de las funciones mentales superiores.

Súmele la conducta inapropiada de algunos líderes mundiales, la deshumanización de la humanidad en cuestiones tan elementales para la convivencia como la solidaridad, el respeto a sus semejantes, las carencias materiales y espirituales de muchos congéneres, deshabituados ya a sus derechos elementales… súmele las víctimas de las guerras, del cambio climático y el comportamiento errático de la naturaleza, con eventos cada vez más catastróficos.

Añádale la cuota personal de descuido por el entorno, la drogadicción, la hambruna, el sobreconsumo de unos pocos –pero que viven en el planeta. La incapacidad de varios para pensar en el bien común, el olvido conciente para recordar que todos somos humanos o los pocos deseos de razonar cuánto tendríamos de bienestar si los recursos, el ingenio, las tecnologías y más estuvieran al alcance por igual… y son las palabras marcadas en negritas acciones que borra la demencia…

Demente porvenir para la humanidad si no cambiamos el orden –o desorden- en que vivimos –o malvivimos-, más los desposeídos de este mundo, víctimas del desequilibrio de otros, de la demencia de los poderosos, de las manías de aquellos que se dicen cuerdos…

 

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