…loco, loco ¿sexual…?

Por Boris L. García Cuartero

Ni se me alarme, ni se me embulle. No se trata de una grosería o invitación libidinosa, menos de vender una imagen –que ya no tengo- para incitar a un acto tan humano como ese… sexual… parece que una canción de moda ha calado tan hondo en la lujuria citadina que por doquier uno escucha: yo soy un loco, loco sexual… ando buscando a una loca, loca sexual…

Temprano en la mañana, ya algún vecino tenía la canción de marras al volumen que mejor le vino en gana; en el carro que me trasladaba, la misma tonada; en otra casa y en otra vecindad, la musiquita con estridencias incluidas y de regreso al hogar, primero en un sitio público para el recreo y luego, en el equipo que, parece, repite desde el amanecer los mismos ritmos…

Y no culpo a quienes profanan el idioma –o el buen gusto- con sus composiciones, sino a quienes divulgan la ofensa, por aquello de que está de la moda, o que suena rico, mucho más si se trata de un sitio público o los medios de comunicación… y que nadie me diga que hay que complacer los gustos de los clientes, porque de ser así, cualquier día se me ocurre pedir que me bajen el precio de la cerveza que se vende en CUC y quiero ver si me complacen…

No tengo nada en contra del regetón –máximo exponente de la chabacanería de estos tiempos, salvo contadas excepciones- y mucho menos del habla popular,  del cual me precio saber usar cuando la ocasión lo amerita, pero le ronca tener que soportar tamaños atentados contra el placer de escuchar buena música y para colmo, sin derecho a protestar.

Si al menos las escucharan para si, con un volumen adecuado a la tranquilidad del resto de los semejantes… pero no, te imponen la locura sexual, la gritería sin sentido o alguna que otra vulgaridad que lacera la conducta de nuestras mujeres, impone en el mejor de los casos un bocadillo para de manera coloquial expresar ideas o es la búsqueda de aceptación entre la marginalidad que prospera y siempre me pregunto por qué, en una Isla donde la instrucción no cuesta nada… ¿será por eso?, lo digo por la instrucción que cierta relación guarda con la educación…

Ni mojigato ni santurrón, nada más alejado que cualquier manifestación que se le parezca, más bien un poco jodío de escuchar tanta basura y sin derecho a protestar, porque las leyes existen, ocupan plazas quienes tienen que hacerlas cumplir y lo peor que discursan hasta el cansancio en los medios y tribunas, pero nada hacen para remediar el mal.

Parece que se cumplirá la profecía de cierto animado que llegó a mis manos, cuando una madre con su niño enfermo era atendida por una doctora y entre ambas hablaban de una fiebre de pin…, no se preocupe mamá por esa pin… y no coma tanta pin… que esa fiebre de pin… ya bajará… y ay doctora es de pin… En fin, una “falopédica” conversación que arrasaría con los oídos del más versado en el idioma.

Como mismo ahora arrasa la cancioncita en boga ante la escucha atónita, complaciente o insultante de quienes transitan, conviven o se recrean en cualquier lugar. Y créame que la tengo tan incorporada, que en cualquier momento me sorprendo tarareándola… y estoy seguro alguien dirá: el puro está a la moda, que importa si soy o no un loco sexual, si ando buscando a una loca sexual… ni la intimidad escapa a los tiempos del reguetón…

 

 

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