Tanto va el cántaro a la fuente…

Por Boris L. García Cuartero

Una vez más escuché viejos criterios acerca del ejercicio periodístico en esta Isla rebelde –en la más amplia acepción del término-, una vez más volví a cargar fuerzas, como una batería que de tanto uso llega el momento en que gasta la energía, pero que jamás renuncia a la utilidad y sigue contra viento y marea, contra los molinos de viento, aunque implique a veces, apuntar contra el ventilador… y los cubanos, ya saben qué.

Y aunque los más experimentados colegas pretendieron buscar cierta novedad en sus planteamientos, hubo de llegarse al punto de la relación con las fuentes de información, esas que buscan el menor resquicio para vaciar el contenido donde no deben o esconden en la turbulencia del pensamiento lo más vital de su ejercicio público, que es, precisamente, rendir cuenta pública de su gestión.

Vilipendiados hasta la saciedad por quienes ejercen fuera de fronteras –a veces con el cacareo que proporciona buenos dividendos- los periodistas cubanos tenemos el compromiso político de aferrarnos a la verdad para ser creíbles, en medio de muchísimas dificultades, que no basta con denunciarlas en tribunas públicas, sino también de empeñarnos en lograr el cambio necesario de mentalidades anquilosadas, esas que frenan el desarrollo aunque se vistan con el ropaje de un nuevo modelo, pero siguen a la antigua.

Cierto es que tenemos limitaciones materiales, aunque privilegiados por el acceso a la red de redes –como nos dicen desde fuera- y no precisamente para tapar los problemas ni justificar los errores, tampoco para con un lenguaje de barricadas defender a ultranza un sistema perfectible, lo que si a ultranza defenderemos es el derecho a ser libres, sin mandamientos foráneos y esa es la razón de nuestra presencia en la red, muy a pesar de los mojigatos, algunos incluso, de filas aquí y luego fuera de filas una vez fuera de aquí.

Retomo las ideas del colega Adonis Subit, por considerarlas esencia de lo discutido entre colegas: Después de escuchar detenidamente casi 100 intervenciones pude sacar como conclusiones que…sin inteligencia, sin los instrumentos adecuados, sin las herramientas adecuadas, los proyectos políticos, las ideas políticas, las intenciones políticas, en fin, la política misma, es en vano. Pero, cuando se posee la inteligencia, se manejan las herramientas adecuadas, y se ponen en función de un alcance global, pero sin una visión política, sin un sustento político, es muy peligroso.
Podemos sentirnos insatisfechos por la lentitud con que fluyen informaciones vitales para el entendimiento humano, por los salarios que son pobres –y no es algo que afecte únicamente al sector de la prensa-, con la imposibilidad de acceder a las tecnologías que inundan y exaltan otros medios en el mundo e incluso con las decisiones de quien pretende administrar cuan feudo personal para la ineficacia, pero jamás podrá faltar la visión política.
Esa que exigimos no sea solo para quienes tenemos como oficio la crónica de nuestro tiempo, sino también para quienes trazan estrategias, defienden la causa común desde más arriba y aunque con decisiones erradas todavía, peor es ver torcido o tergiversado el camino un poco más abajo por temores infundados, por malas interpretaciones, , sin sustento político, porque falta capacidad o voluntad para resolver los problemas y eso es muy peligroso, como bien dice Adonis.
Volvimos a la carga contra quienes prefieren la manipulación mediática de los públicos, al ofrecerles solo las glorias –que merecen su espacio-, pero también hay que tener memoria para saber que no ha sido nunca la voluntad política de la alta dirección del país entretenernos en los éxitos, cuando a veces se esconden tras el telón de lo indecible, indescifrable y peor aún mal contadas historias, lo que no conviene que se sepa a título personal, porque daña a la Revolución, cuando en realidad los estragos se hacen desde la mala administración de los recursos a sabiendas o no, cuando se quieren mantener a toda costa las ventajas que supone una responsabilidad.
Sobra inteligencia entre los colegas, también se manejan las herramientas adecuadas, pero debemos seguir en el combate contra quienes limitan el ejercicio de la profesión, por constituir un compromiso con quienes ávidos de información en ocasiones son desinformados o mal informados y no es justo… tanto va el cántaro a la fuente, hasta que se rompe, dice el viejo refrán y no creo que haya que romper la fuente, más bien moldearla, acondicionarla, atemperarla… pero si el material no es maleable, entonces, si, rompamos la fuente.
Nota: Debo las fotos del encuentro, no tengo cámara digital, ni cable para conectar el móvil a la computadora, pero si muchas ideas.

 

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