Ay, las crónicas…

Por Boris L. García Cuartero

En honor a la verdad, jamás he escrito una buena crónica… aunque, sí, una vez hice una dedicada a Tony el meteorólogo. Me salió del alma, fue escrita de arriba abajo, solo al releerla cambié la palabra loco por locura… y es que tenía razones suficientes, pues Iraida, su madre y mi maestra de tercer grado, quería que escogiera esa especialidad, pero cuando descubrí la física… hum ahí mismo giró la vocación…

Fuera de esa, nunca he escrito una buena crónica. Envidio la maestría de mis colegas, del experimentado Francisco Cholo Navarro o de la novel Melissa Cordero, pero lo mío es el diarismo, el comentario y puede que algún que otro reportaje… ¡pero crónica! Siento demasiado respeto por ese género como para aventurarme a una prosa picúa…y las he visto por ahí, con visos literarios y todo… pero picúas…

En mis tiempos en el periódico Cinco de Septiembre me atreví a escribir algo parecido –al leerlo ahora me da tanta pena que quisiera desaparecer cada uno de los ejemplares de esa tirada. Narraba los avatares de un consagrado pescador y uní mis dos manos a las del colega Carlos Ernesto Chaviano… qué fue aquello madre mía… cursi y tonto ¿será la mismo? claro, empezaba en el oficio como profesional, pues el bichito venía desde mucho tiempo antes, pero ni eso justifica mi osadía.

Por esa razón admiro a todos los que desde ya y hasta el 28 de noviembre se reunen en Cienfuegos para la VII edición del Encuentro Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre. Todos los asistentes son cultores del género y otros que como yo, asoman con pena la nariz, porque ni a jodía logro combinar la belleza del lenguaje, el lirismo de un hecho quizás común y mucho menos darle la entonación necesaria con esta voz de vendedor de mangos… y a la hora de ponerle música –hay quienes dicen que muchas veces le sobra- bueno, qué decir… no se si utilizar rumba, mambo o reguetón…

Y no es que me falte inspiración, pues hace falta tino, capacidad para comunicar, poder de síntesis y sentido común, además de inspiración, para manejar el resto de los géneros periodísticos y proclamo a los cuatro vientos –y pisoteando la modestia- que me muevo como pez en el agua con algunos… pero la crónica…

Hay que saber narrar el hecho, hacerlo con soltura y belleza, contar la historia desde bien adentro… son imprescindibles las “palabras bonitas”… puede que haya que escribir con alguna que otra metáfora, buscar un símil… bueno, si acabo de decir que no escribo crónicas, qué hago yo dando fórmulas… le dejo las enseñanzas a mi colega Ismari, que todos los géneros los domina con arte y oficio o a mi socio Ángel Bermúdez, estancado en Haití y a punto de tirarse a nado, que también dice las escribe con soltura… también a mis niñas del “Cinco” que todas son buenas… me refiero a las muchachitas, a las nuevas… no sea que mi colega y amiga Magalis Chaviano se quiera unir a ese grupito…

En fin, me tendré que dar alguna que otra vueltecita por las sesiones del encuentro para saludar a consagrados del género que siempre vienen –como Pepe Alejandro o Luis Sexto- tengo hasta el miércoles para hacerlo y para “cronicar” el hecho me comprometo a informar los resultados en la revista Impacto, pero escribir una crónica… veré si con el tiempo me llega la inspiración…

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