El viaje infinito

Por Boris L. García Cuartero

Yate GranmaEl dos de diciembre de 1956 desembarcaban Fidel y los expedicionarios del yate Granma para librar la última y definitiva etapa de las luchas por la independencia de Cuba. Gracias a la maestría del líder indiscutible se cumplió la promesa de ser libres, para continuar el viaje con el decurso, plagado de rosas y espinas, mas con la voluntad todavía de un futuro mejor para todos los cubanos.

Y en ese viaje andamos, ahora con millones de expedicionarios a bordo del gran yate que es la Isla, sin temores a zozobras extemporáneas, porque para reparar la nave se funda todos los días, pese a los tropiezos internos y las zancadillas externas. Lo que nos sostiene es el amor a la tierra que nos vio nacer y la obligación de jamás renegar de la historia, las tradiciones, las bondades y hasta lo que nos cuestionan.

Hasta quienes un día decidieron dejar atrás penurias y alegrías sienten la necesidad de sus contornos –al de playa Las Coloradas llegó el yate Granma hace 56 años. Hay quienes lejos de sus costas ven en el viaje infinito –que es todos los días- la materialización de sus sueños, solo que para lograrlos habrá que entre todos contribuir, trabajar, aunar y dejar atrás los odios, los resentimientos, la intención de hundir esta goleta que se llama Cuba.

Perfeccionar una sociedad requiere tiempo y empeño, solo así se triunfa. Los derrotados han convertido en negocio truncar la marcha, pero esos quedaron hace rato fuera de la travesía y no solo los que vociferan desde afuera, también para los de adentro se marca el momento histórico de echarlos por la borda, si no son capaces de encauzar, controlar, compartir, sentir el dolor ajeno como el suyo propio.

Somos conscientes que el mar estuvo entonces y sigue bravío –persisten el asedio, las incomprensiones y el cuestionamiento a la dirección del país, a lo que se suma hasta la naturaleza con el cambio de sus condiciones- pero nada detendrá el curso de la historia y si bien las generaciones futuras tienen en sus manos tomar las riendas –timón y timonel- confiamos en que el rumbo se trazó desde entonces, para borrar las carencias, para que la prosperidad toque tierra, pero a lo cubano, sin renunciar a los olores y sabores de este archipiélago, descubierto, fundado y en permanente refundación… solo así seremos consecuentes con nosotros mismos.

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