¡Maferefún Shangó!

Por Boris L. García Cuartero

Shangó, el dios del trueno

Shangó, el dios del trueno

Este cuatro de diciembre sonarán los tambores por una de las deidades del templo Yorubá. Es el Día de Santa Bárbara o Shangó,  según los practicantes, el Dios del fuego y el trueno, uno de los guerreros, un santo fuerte, de cuyos hijos, se dice, son fiesteros, libidinosos, bullangueros, pícaros, jodedores y putas –según el sexo, claro está.

Se notará un predominio de prendas rojas en la gente –por creencia o imitación- pues ese es el color que le adorna y habrá que encender velas de esa tonalidad y ofrendarle dulces, manzanas… en fin… puro folclor en una Isla, donde el que no tiene de congo tiene de carabalí. Y por supuesto, muy a pesar de no creer ni en la madre que me parió, me sumaré a la tradición… porque cuando aprietan las dificultades,  aquí cualquiera se levanta de madrugada… e imagine el resto… además, a la hora de los mameyes hay que acordarse de Santa Bárbara bendita.

He dicho que no me enseñaron en casa a practicar religión alguna, luego tampoco lo aprendí. Nací en una época convulsa -1962- cuando entrar a una iglesia era pecado y creer en los santos llegados de África era cosa de negros marginales, de gente de baja calaña y como todo lo que oliera a cierto refinamiento era rezago del capitalismo, era por supuesto, estar en contra de la Revolución. De nadie en la familia pude ver entonces idolatría por santo alguno que no fuera Fidel.

No obstante, una hermana de mi abuela dejó al salir del país una Santa Bárbara de grandes dimensiones, con altar, castillo, los jimaguas y todo, que en una esquina de casa vi desde pequeño como algo ornamental. No se si mi abuela se levantara tarde en la noche o primeras horas de la mañana, pero el tres y cuatro de diciembre, se encendían las velas, se ponían manzanas, mientras las hubo, y nada más.

Con los años y el obligado crecimiento del cuerpo e intelectual, busqué la información necesaria, también trabajé algún tiempo en el central Espartaco, municipio de Palmira, donde la santería es habitual y todo lo que ocurría alrededor, era cosa de llevar ante el santero, que entre lenguaje propio y chamalongo hacía la predicción de tus avatares. Un día hube de sentarse delante de uno por curiosidad y embullo… realmente impresionante.

Shangó es un guerrero fundamental. Su principal enemigo son las malas lenguas y las habladurías, sus batallas están llenas de dificultades y desánimos, así como sus victorias son logradas con no pocos esfuerzos y recibió el sagrado poder del control de los rayos de las manos de Olofi.

He ido a las fiestas que en su honor se hacen por doquier –la comedera y tomadera son tremendas- para ver con respeto las ceremonias religiosas dignas de una deidad de la cual me han dicho soy hijo legítimo, muy a pesar de no tener hermano jimagua, y esta vez juro por mi madre que quienes me miraron a los ojos para hacer la revelación no se equivocaron.

Conservo la costumbre de iluminarlo el tres en la víspera del cuatro, también como buen cubano que soy me le paro de frente y muy en mi interior le pido a veces la ayuda imprescindible para seguir adelante en la vida, para quitarme de encima las malas vistas, así como las negativas influencias de los hijos de puta y envidiosos, esos que quisieran verte en el piso sin más acá o más allá que el insano pensamiento de algunos que se dicen humanos, y que abundan, sobre todo en un trabajo como el mío, donde el talento debe sobrar, pero falta en unos cuantos arribistas y mediocres.

Nada, este cuatro de diciembre también me sumo al respeto y adoración a Shangó, si puedo  me llegaré hasta un toque para darme unos cuantos cañangazos de ron junto a unos gajazos que nunca están de más, encenderé mis velas y pediré por la salud de los míos… ah, también que eche lo malo pa trá, que en estos tiempos la mala idea si que no está escasa. ¡Maferefún Shangó!

 

 

 

 

 

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3 comentarios

Archivado bajo Cubanísimos

3 Respuestas a “¡Maferefún Shangó!

  1. jose cruz

    hola me gustaría aprender mas sobre esta religión ya que tengo 33 años y no he podido salir adelante

    Me gusta

  2. Pingback: ¡Maferefún Shangó! – @lavillapanamericana

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