Al loco… por lo que le de…

Por Boris L. García Cuartero

locoHoy me desperté temprano para ir a buscar la leche. Los vecinos me hicieron recordar el viejo refrán –muy a tono casi todos los días, a cada momento, a cada minuto, en fin. Muchos comentaban la decisión de no publicar materiales agresivos, groseros, que atenten contra la dignidad de nuestras mujeres… escuchado anoche en la TV al resumir una de las sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

Primero fue un pronunciamiento del Centro Nacional de la Música, tergiversado por quienes no nos quieren bien, aunque a algunos para eso les pagan… pienso, a tenor del problema ocurrido con ciertos muchachos en Ciego de Ávila, ampliamente publicado por los medios internacionales y algún que otro “atrevido” en los nacionales… y me pregunto ¿es que descubrieron el agua tibia?… al loco, por lo que le de…

No son precisamente ni la radio ni la televisión los principales difusores de este tipo de materiales, que si están a la vista de todos en centros recreativos, nocturnos y hasta en la anarquía citadina del bulevar cienfueguero, donde en el colmo del desconcierto he escuchado hasta a Willy Chirino desbarrar de Cuba, como siempre lo hace… y de los videos ni hablar, sobre todo los hechos por cuenta propia aquí y los de grandes recursos allá…

Esta situación la hemos denunciado una y otra vez en los medios de comunicación, así que insisto, el problema no tiene nada de novedoso, más bien de irresponsabilidad por parte de quienes deben ocuparse de la política cultural, conocer qué se difunde, a tenor de la desleal competencia tecnológica de hoy día, pues basta con memorias flash, DVD y otros ingenios para regar como la mala hierba cuanta mierda se produce por ahí –y no solo afuera, que conste.

Claro, los periodistas tenemos la ventaja social de andar a pie, montar en guaguas, comprar en los mercados, placitas y topar con la gente de frente, leer los que se publica aquí y fuera de aquí, con todo el tiempo del mundo, libres de cansonas reuniones –o casi libres- donde se habla mucho y se concreta poco, no andamos en el limbo, culpando de todos nuestros males al imperialismo yanqui o su bloqueo, que hacen daño los muy cabrones, pero más daño nos hace la inercia, el escuchar palabritas dulces en los oídos o sencillamente cuidar las ventajas que vienen por plantilla y seguir con el discurso retórico y falto de veracidad…

Si algunos decisores leyeran nuestros periódicos, escucharan nuestra radio o vieran nuestra televisión –con muchísimas dificultades todavía en cuanto al apego a nuestros tiempos, pero con los pies sobre la tierra- no se “enteraran” como los locos de ciertos comportamientos humanos, cuando estos para atajarlos ya son un verdadero problema. Si controlaran más, visualizaran más y se bajaran de las nubes, tendrían conocimientos suficientes para darle los palos al burro cuando realmente se lo merece.

Un colega escribió a propósito del asuntico avileño de marras –y lo escribió muy bien- que haría falta revisarnos hacia adentro, para ver cuáles fueron las causas que generaron esas consecuencias y al menos una de esas, es la pérdida de valores culturales que entroniza la disparatada difusión de materiales de audio y visuales, la falta de ejemplo de los mayores –desde que se levantan hasta que se acuestan, incluidas las escuelas- y por supuesto, los más jóvenes copian al carbón lo que ven a su alrededor.

No hay caos en la sociedad cubana, pero si no frenamos ciertos desenfrenos, volver al camino correcto será difícil, eso es lo que busca nuestro contrincante ideológico y servirle en bandeja de plata ese propósito será traicionarnos a nosotros mismos. Basta de voluntarismos, de descubrimientos a destiempo, el presidente Raúl reclama el cese del inmovilismo, el cambio de mentalidad y para esa transformación hay que cambiar métodos y estilos.

Desde las tribunas todo suena muy bien –es como protestar por la bomba que cayó a mil kilómetros de la mesa y el refrigerador- hay que caminar, escuchar, escrudiñar, embarrarse de pueblo para no andar como los locos dando bandazos o enarbolar banderas de ocasión… otra cosa es el seguimiento… algo en lo que somos todavía malos, muy malos…

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