La “miseria” de la Isla…

Por Boris L. García Cuartero

Fiesta nEn más de una ocasión amigos fuera de Cuba se han preocupado porque no pase hambre. Tan generalizado está el criterio de que estamos tan jodíos, que hasta los sensatos se hacen eco de las agrandadas dificultades, porque a decir verdad dificultades tenemos, pero coño, no es para tanto…

Este fin de año fue otra demostración de cuán “miserables” somos. Estoy seguro que en algunas casas la celebración pasó por debajo de la mesa, como se diría en buen cubano, pero en la inmensa mayoría se guardó algún dinerito –o llegó a tiempo la remesa- para festejar en familia o con las amistades con una comida muy criolla, acompañada de sus cervecitas y hasta sidra, manzanas y peras, estas últimas compradas en CUC.

Lo mejor de todo es que todavía no tenemos miseria de espíritu –pese a las carencias materiales. Fui testigo en los barrios, en las casas, hasta en el interior de muchos, de cómo despidieron un año que se acabó justo ayer, para amanecer hoy, cansados de baile, fiesta y pachanga, pues la música sonaba dondequiera, se quemaron muñecos a las doce de la noche y hasta algunos atrevidos lanzaron sus fuegos artificiales al aire.

Centros nocturnos, recreativos y restaurantes convidaron a los que se aburren en casa o tienen otros motivos para salirse de la rutina. Y pudiera decirse, incluso, más de lo mismo, pero siempre vale el empeño, la voluntad o los deseos de marcar el día en que hace esta vez 54 años triunfó nuestra Revolución, esa que con sus penas y glorias es admirada, cuestionada y odiada.

Y es que también en buen cubano, basta una lata y un palo para formarla. Si se adereza con el congrí, la carne asada y el alcohol, pues la fiesta nos sabe a gloria y al carajo los precios, los problemas con el transporte, el salario que no alcanza, la falta de aquello o lo otro, las viejas y truncas aspiraciones de una vida mejor, del desarrollo que no llega y hasta las conversaciones, muy bajitas, de que hemos fracasado en el proyecto social, porque no hay respiro –ese que se evalúa como tener, tener y tener…

En los llamados barrios en desventaja social –eufemismo para evitar el ofensivo término de marginales- es donde más se puede apreciar esa “miseria” que nos acuñan. La gente se lanza a las calles cuando suena el reloj para marcar el cambio del día, ya han compartido el ajo, la cebolla, el poquito de puré y hasta el pedacito de carne para el más “pobrecito”… y qué decir de la botella de alcohol –el “Pedro 90”- esa pasa de mano en mano cual refinado wisky o el mejor Havana Club, vendido a precio de oro en nuestros mercados.

La gente se divierte, lo mismo con la programación de la tele, que con el reguetón del vecino. Pocos se quedan encerrados para rumiar sus penas, pocos podrán decir o maldecir, porque no tuvieron con qué llamar a la esperanza de paz, prosperidad, salud, bienestar y otras peticiones que siempre se hacen, para desde muy adentro de cada uno, erradicar la sobrevivencia en que se nos convierte la cotidianidad.

Así somos los cubanos, los de la Isla. Ponemos el arbolito de Navidad antes de la fecha adecuada, guardamos lo mejor para el final, nos ponemos entre unos cuantos para hacer esa noche más buena que como dicta la tradición del 24 de diciembre –por cierto que también ya se celebra aquí sin tantos miramientos ni prejuicios-, y créanme que poco hacen falta uvas, peras, manzanas, melocotones, avellanas y nueces, esas delicias navideñas nunca probadas por las últimas generaciones.

Esta vez y según las predicciones de los santos, no podía tirarse agua para la calle –por mi madre que no vi a nadie darle la vuelta a la manzana con el maletín en la mano, pues parece que esperan la solución a partir de este 13 de enero-, había que ingerir unos sorbos del vaso y lanzar con discreción el resto… ah y frotar entre ambas manos un poquito de azúcar con granos de arroz para que entre el dinero a casa… imagino que algunos prepararían en libras el conjunto, pues ahí sí que la necesidad aprieta.

Pintoresca y alegre es siempre la celebración acá –muchos de afuera con la mente puesta en su Cuba y la imposibilidad de compartir con familiares y amigos la abundancia material. Y es que así somos los cubanos, la miseria no nos toca, porque para inventar cómo pasarla bien somos los caballos… y al otro día… bueno a seguir con la guapería de todos los días, que ya vendrán tiempos mejores…

 

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2 comentarios

Archivado bajo Cubanísimos

2 Respuestas a “La “miseria” de la Isla…

  1. Boris, muy buen articulo, te felicito, como siempre tan claro y conciso, te escribe Alain el hijo de Ivonne (la profesora de ingles) la amiga de tu mamá de tantos años en Formadora de maestros, eres un cabllo siemrpe leo tus notas, vivo afuera y esto me llego fuerte….saludos

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    • Gracias amigo, claro que te recuerdo, tu mamá fue mi profesora de inglés en la vocacional. trato de escribir lo que siento, es un compromiso con uno mismo, ya no son tiempos de mucha muela ni habladurías, me alegro te haya gustado, saludos desde Cuba.

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