El eterno optimismo

Por Boris L. García Cuartero

optimismoComienza un nuevo año y en su mismísimo nacimiento, para muchos cubanos la principal petición fue de prosperidad. Ese deseo innato en los humanos de mejorar en todos los órdenes, no solo material, sino espiritual, aunque el primero mucho importe para poder conquistar el segundo.

La palabra pareciera maldita para quienes vivimos en la Isla –así nos la pintan y no echemos toda la culpa a quienes poco agradamos-, pues las dificultades persisten año tras año, se mantienen las insuficiencias en los abastecimientos, siguen las dificultades en otros órdenes que nos desordenan la cotidianidad; los salarios, los mismos y por tanto el poder adquisitivo deprimido. Pareciera que la hecatombe es lo más parecido a la vida, pero tampoco es así.

Un eterno optimismo nos hace mirar hacia delante, quizás hasta un tanto olvidar las penas y soñar, siempre soñar con que nuevos horizontes se abrirán para los de a pie, mayoría en un proyecto social que se refunda en todo momento, aunque para lograr la equidad ha de estar acompañada de trabajo, productividad, bienes creados y bien repartidos. La fórmula sigue siendo la misma y esto pudiera despertar ciertas suspicacias –si es que a estas alturas consiguiera llamársele de esa manera.

Cierto que han transcurrido 54 años y aún quedan problemas sin soluciones, es verdad que de errores habrá que hablar –y rectificar, porque ninguna obra humana es perfecta-, vale también cuestionar, atreverse, adaptarse a un mundo cambiante y de qué manera; es el momento de transformar, buscar en lo profundo de los seres que fundan y despojarnos de vicios, paternalismos o de ver solo la paja en el ojo ajeno, ese mismo… que existe y nos hace daño.

Si fallamos, hemos sido nosotros mismos, recostados a las benevolencias y a la costumbre de proteger a todos por igual, al amparo del errado criterio de que todos somos iguales, cuando en realidad ni todos aportamos igual, ni todos nos merecemos por igual, ni todos nos entregamos por igual… por fortuna esa tesis se desecha poco a poco, para resguardar a los menos favorecidos, que sí existen.

Se cifran esperanzas en las transformaciones de vetustos cuerpos legales, otros proponen un incentivo para hacer producir más a la tierra, se organizan las inversiones, con prioridad para aquellas que rindan frutos, se diversifica la producción y los socios comerciales, se experimenta y experimentará con nuevas formas productivas –digo nuevas para la Isla- y por todo eso y más, el eterno optimismo de los cubanos toma aires, porque asomados ahora más al mundo, hay experiencias que no quisiéramos verlas aquí, por mucho de lo bueno que ofrezcan… casi siempre a unos pocos.

Contradicciones, insatisfacciones, truncas esperanzas, ambiciones –humanas-, así como malas decisiones habrá, pero insisto, somos los seres que habitamos esta tierra los encargados de minimizarlas o desaparecerlas. Quién no se ha quejado un día; hay quienes se lamentan todos los días y para esos la esperanza es cada vez más lejana, tratemos de vivir con el optimismo que nos caracteriza y no echemos la culpa solo a nuestro proyecto social y menos a su dirigencia… habrá que cambiar sí de todo un poco, para que poco a poco la esperanza a que nos invita un nuevo año no sea mera ilusión..

 

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3 comentarios

Archivado bajo Sociedad

3 Respuestas a “El eterno optimismo

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