Nemesia y sus zapaticos blancos…

Por Boris L. García Cuartero

Pensé pasar por alto la fecha. Desde que tengo uso de razón he escuchado –y escrito de grande y con oficio- la historia de Playa Girón, del ataque a los aeropuertos, de cómo Eduardo García Delgado escribió con su sangre el nombre de Fidel, de los milicianos cienfuegueros, de los bisoños que manejaron por vez primera un arma… de los pendejos mercenarios… de aquel que vino como cocinero, del embarque que les dieron…

Nemesia, flor carbonera...

Nemesia, flor carbonera…

Conocí la historia de pequeño. En la cuadra donde pasé mis primeros años, también vivía la madre de Ramón, uno de los hombres que cuidaba la playa la madrugada del desembarco, el 17 de abril de 1961, por tanto el relato lo escuché una y otra vez… nunca he perdido el interés por la hombrada cenaguera, solo que la musa no bajó en estos días, hasta escuchar esta noche, otra vez, el testimonio de Nemesia, la flor carbonera del Indio Naborí…

Nemesia, la de los zapaticos blancos, la niña que vio morir por la metralla a madre, hermanos, abuela… la mujer a la que 52 años después todavía le conmueve el recuerdo, por eso sigue en medio de la ciénaga de Zapata, donde quizás sea un atractivo hecho historia viva, mas se ha quedado para ser testigo de la historia de sus gentes, de sus raíces, para contar porqué había y hay que defender tierra, mangle y arena.

Ella conoció los horrores de una guerra, supo del olor a pólvora y muerte; supo de las miserias acumuladas entre los suyos, de los carboneros y pescadores… conoce cómo cambió la vecindad unos años después del desembarco y como historia viva, confirma las palabras que dan la bienvenida al visitante: Ciénaga de Zapata, todo lo que ve es obra de la Revolución…

La Revolución que quisieron cercenar en un pedazo de tierra cubana, el mismo suceso imperfecto y descalificado todavía por quienes no creen en la igualdad de oportunidades, con independencia del color, credo, origen… la Revolución que con defectos y virtudes nos ha librado del horror que padecen muchos terrícolas y también nos ha privado de la abundancia que quisiéramos muchos, por imperfecta, reitero y por otras razones que ahora no quiero reiterar.

Nemesia me ha hecho recordar la una y mil veces contada historia de la invasión por Playa Girón, del contubernio de gobiernos del área, del apoyo USA que nunca llegó –aunque también se embarcaron en la invasión… la misma de la que todavía se ufanan algunos, porque es aún el negocio favorito de supervivencia: los odios, el resentimiento, las culpas ajenas, el jodernos la vida para que falte la abundancia y nos cansemos y salgamos a las calles a gritar ¡abajo o fuera…! pero han pasado 52 años y Girón inspira…

Quien escuche a la flor carbonera, a la de los zapaticos blancos, entenderá unos cuantos porqué… y Girón seguirá en la memoria, como fiasco para los supervivientes de la 2506 y orgullo para quienes hemos crecido sin dejarnos doblegar, incluso, donde quiera que estén…

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