No hay tiempo para perder el tiempo

Por Boris L. García Cuartero

Los periodistas cubanos estamos en Congreso. Tengo fe no sea una reunión más de quejas, aspiraciones perdidas en el tiempo y soluciones postergadas por el decurso, sino que la receptividad se imponga, la comprensión y dejemos de escuchar los calificativos de gris, triunfalista, apologética y más con que tildan nuestro trabajo…¿?

¿Nos falta profesionalidad? ¿porqué no somos ese fiel reflejo de la sociedad cubana actual? ¿hasta cuándo el secretismo, las autorizaciones de “arriba”, la misma mentalidad entre algunos colegas y decisores…? Son muchas las interrogantes para responder de una vez y por todas, solo que el tiempo nos pasará la cuenta si seguimos perdiendo el tiempo y no hay mucho para dilapidar en discusiones estériles, ni voluntarismo.

La prensa cubana tiene un gran reto por delante y es atemperarse a los tiempos en que las nuevas tecnologías compiten ya no solo con la inmediatez, sino hasta con la veracidad de las informaciones, la oportunidad y la credibilidad en los receptores, en la Isla hastiados de lugares comunes, frases comunes y una manía de resaltar lo bello, como si viviéramos en una urna esterilizada contra todo mal, humano o divino.

Estoy seguro que muchos colegas tienen las herramientas necesarias –incluida filiación política- para desterrar viejos vicios, preparación suficiente para desmenuzar en crónica diaria la difícil contemporaneidad de los cubanos, sin que ello represente vender en bandeja de plata nuestro proyecto social o que el enemigo ideológico tenga las armas para mantener ya no el sitio, sino también su empeño por desprestigiar la obra que a sangre, fuego, vicisitudes y logros todavía se perfecciona –y porque toda obra humana es perfectible.

Desprestigio sería continuar de espaldas a una realidad que nos golpea, precisamente porque a algunos poco importan los cambios y a otros les cuesta cambiar su manera de pensar, más atentos a los aires que vienen del Norte que a las tempestades internas, basta con mirar a quienes nos secundarán en el tiempo para comprobar cuán errados todavía estamos.

Sueño con ese día en que la crítica no sea considerada un ataque personal –o peor aún, al sistema-, con poder tener acceso a la información, sin cortapisas ni autorizaciones o anuncios previos, esos que sirven para esconder los problemas, como el que espera visita y limpia la casa, saca la vajilla y esconde los calderos tiznados, para simular un estilo de vida muy alejado a la realidad y causar falsas impresiones…peor, cuando se califica y ofrece seguridad en sus puestos a quienes debieran limpiar la casa todos los días…

Quienes tenemos como oficio informar, educar y compulsar, estamos convencidos del papel que nos corresponde, pues somos entes sociales que vemos los aplausos necesarios, pero también el derrumbe moral a que conlleva la desidia, el engaño, el desinterés manifiesto de algunos, prestos a toda costa a mantener estatus y hasta aparentes compromisos, con un pueblo que ve, escucha y disiente… no hay tiempo para perder el tiempo, luego será demasiado tarde.

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2 comentarios

Archivado bajo Sociedad

2 Respuestas a “No hay tiempo para perder el tiempo

  1. Gerardo Méndez Castillo

    Hermano que buen articulo, fácilmente podría traspolarse a Venezuela o cualquier país, simplemente no hay tiempo para perder tiempo, adaptarse a la realidad actual, es necesario, es más que urgente… Genial tu vision, tu fina pluma y gallardía para “cantarla” clarito como el cloro. Orgullo de este estudiante, un abrazo profe.

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