La lucha

Por Boris L. García Cuartero

Mi amigo Andrés es -¿era?- ingeniero industrial. Ahora vende lo primero que se le ponga por delante… me lo encontré en el área exterior del Hospital Provincial con una carga de galleticas dulces, caramelos, bombones y pasteles, pero si un elefante puede “meterle por la cabeza a alguien”, así lo hará, me dijo.

Dice que se cansó de que lo mandaran, que se gana en pocos días lo que percibía al final del mes, lamenta los años “perdidos” de estudios y sacrificios, pero que no aguantaba más, no trabaja para el gobierno ni a jodía… ahora vive del gobierno, digo yo, pues nada de lo que vende él lo produce, tiene hasta gente que le hacen la cola y acaparan en el mercado estatal y su negocio tiene visos legales, pues nadie se mete con él…

He hablado con Andrés en reiteradas ocasiones, comprendo sus frustraciones, pero no se las justifico y lo sabe. Se declara un luchador de estos tiempos, en que “la cosa está mala y hay que guapear mulato, por la izquierda o por la derecha, a como sea… si total…” y en el total de mi amigo caben tantas cosas, como la permitida ilegalidad de muchos debido a inspectores incompetentes y hasta corruptos o el hago lo que me da la gana, porque hay que buscársela… y así si no vamos a ninguna parte.

La apertura al trabajo particular –o por cuenta propia, como le decimos en Cuba- no significó, ni significa otorgar patentes de corso y piratería, aunque para algunos se haya convertido en eso mismo, y se escudan en la falta de un mercado mayorista, para literalmente asaltar el minorista y revender a precios astronómicos, sin emplear talento ni labor, que no sea tomarse el trabajo de hacer la cola y llevarse cuanto puedan de las tiendas.

La lucha en mi país tiene un significado tergiversado del término. Ya no es de emprendedores ni combativos, sino de buscadores de vida, al sea como sea, en un mercado subterráneo que desangra al Estado por la falta de control en ciertos lugares. Aunque junto a los Andrés de esta historia, convivan los que aportan al presupuesto público, aunque también se las inventan para hacerse de las materias primas con qué elaborar alimentos y otros productos.

Y este secreto a voces desvirtúa el orden, la disciplina, el legado de virtudes que siempre queremos para los vienen detrás… y me dicen que ya se adoptarán las medidas para frenar el desenfreno de la lucha de estos tiempos, que unos culpan al sistema, mientras otros piden a voces el engranaje del propio sistema que debiera funcionar como un reloj en beneficios para todos.

Mi amigo Andrés me dice que si estoy con los indios o los cowboys. Se perfectamente a qué se refiere, por eso le digo que estoy con él, toda vez que su probada honradez de antaño no trasmute en deshumanización, en ganar a toda costa, sin importar a quién se lleve por delante, porque eso no nos lo enseñaron, no lo aprendimos, no debiéramos admitirlo por muy duros que sean los tiempos que corren…

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