Menuda disyuntiva

Por Boris L. García Cuartero

El estar en la línea de los cincuenta años, creo, nos da el derecho de analizar, pensar, dialogar y hasta decir más de “cuatro cosas”. Y es que pertenecemos a una generación a la que jodieron bastante y sin chistar tuvimos que aceptar más de “cuatro cosas”, aunque eso si, recibimos educación e instrucción adecuadas, tanta que ahora muchos somos algo en la vida, aquí y allá, allende los mares.

Reunidos una vez más los que estudiamos en la Vocacional de Santa Clara, bailamos, ingerimos bebidas alcohólicas, hablamos de lo mundano y lo divino y también filosofamos sobre esta época, tan distinta, tan diversa y tan incierta, además. Y que conste, con la pasión de poder hacer más, aunque quizás un poco tarde, porque quienes nos pisan los talones andan a millón y no creen en imposiciones ni muelas, son más objetivos, realistas, irreverentes… son mejores que nosotros…

Después de tanto discurso escuchado a lo largo de nuestra existencia, luego de tantas veces en que parecía renovábamos el aire que nos permite la vida, seguimos en las mismas y existe el temor de que cambio de mentalidad, dirección colegiada y pluralidad de pensamiento se conviertan en nuevos slogans, como lo fueron la rectificación de errores, el combate al diversionismo ideológico, el horario es sagrado y más, mucho más…¿?

¿Cómo cambiar la mentalidad de quienes todavía deciden a su antojo; serían capaces de dejar a un lado el yo digo, para sustituirlo por el nosotros? ¿Cómo pedirle peras al olmo, así, como si con el chasquido de los dedos, algunos enraizados y otros que han explotado aquí y cambian para allá siguen “colgados en la pared”, sin importar lo que opine un colectivo de trabajadores e incluso hasta las organizaciones que los representan?

Quiero creer en que las segundas oportunidades existen para rectificar conductas, pero las terceras, cuartas y hasta el infinito, para nada ayudan y de que los hay, los hay, prendidos al confort de las oficinas, con elementos de última generación, aunque un especialista tenga que trabajar con los cacharros de siempre; incapaces de caminar siquiera un trayecto mínimo, además del beneficio familiar que representa la comodidad en cuatro ruedas…únicamente rajándoles la cabeza en dos cambiarían su manera de pensar…y actuar –y no se trata de violencias, es una metáfora, aclaro.

A la hora de decidir, es lo que yo digo y punto. ¿Tus razonamientos?, pues algunos te miran con cara de compasión –seguro que hasta piensan ¡qué comemierda tu eres!- y luego te dicen NO, con una tranquilidad enorme, de acuerdo con la energía y potencia de sus entrepiernas, para luego… a este hay que quitárselo de encima, es un atravesao, se cree que se la sabe todas, que jodío me tiene… y empiezan los problemas…

De la noche a la mañana te conviertes en el que llega tarde, que no cumple los planes, el responsable de lo que ocurrió alrededor tuyo… y como el que decide, decide, cambias de puesto de trabajo, te reducen los ingresos, pierdes estimulación…el peor de la clase, digo del lugar donde estés, por aquello de que rectificar al profesor siempre trae nefastas consecuencias para tu rendimiento académico, pero esta vez laboral.

Y si de pluralidad de pensamiento se trata…hum, ese si huele a peligro, porque también en pocos minutos te conviertes en el tipo o la tipa con problemas ideológicos… y que vuelva a constar, sin que ese pensamiento lleve o conlleve a nada contrario de lo que establece nuestro sistema social…En la reunión de vecinos, el atravesao del barrio; en la de la circunscripción, el delegado te quisiera matar por ponerle la cosa mala; y en el centro de labor, bueno, ya lo dije…

Algunos de los disertantes en este análisis que nos hacíamos a nosotros mismos, son decisores y algunos se plantearon cuán difícil es cambiar de pronto lo que se ha hecho por mucho, demasiado tiempo, aunque conscientes están en la necesidad de transformar –que es revolucionar- como única manera de salvar, de continuar, de no cejar en el empeño de lograr la prosperidad común…

Todos concluimos de que malos tiempos corren, por la acrecentada avidez de tragarnos si las condiciones se dieran para hacerlo…Y andamos y estaremos en eso: rescatar, refundar, en el intento de despojarnos de los miedos a decir lo que otros no quieren oír y guapear para echar adelante, solo que quedarse sin pincha a estas alturas del campeonato es tocar fondo…¿? Nos falta cultura de discutir, dialogar, escuchar, sobre todo escuchar.

Menuda disyuntiva, verdad. Confiemos entonces en quienes dueños de los futuros poderes aprender a caminar más rápido que nosotros mismos… pero y el ejemplo, qué…menuda disyuntiva…

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