Entre viejos y nuevos jinetes

Por Boris L. García Cuartero

Siempre escuché decir que guajiro a caballo sin sombrero… ese no era ni guajiro, ni jinete. Y parece que la tradición cambia, porque para llevarse el aro entre las manos o arrancar la cabeza a un pato, solo hacen falta destreza y hasta un poco de suerte, quizás.

Es día de Festival campesino en la comunidad montañosa de El Naranjo. Un ajetreo inusual despierta la curiosidad de muchos, aunque el anuncio esté hecho desde hace varios días; el disfrute es pleno, total, nadie quiere perderse aquello que corre por las venas del campesino cubano…a punto está de iniciarse el desfile, los más jóvenes sin sombrero, el resto como manda la tradición.

Escucho decir que lo importante es que la bestia esté bien entrenada, que no salte en la carrera, aunque al corcel haya que darle pincho para que pase a la velocidad de un rayo entre dos palos y una soga, de la cual cuelgan varios anillos y ha de ensartarse uno, con un pedazo afilado de palo –un pedacito de palo, que apenas logra ver quien no está acostumbrado o no es de por esos lares.

…paso a los competidores, la música ranchera suena alto, el jinete hace gala de su oficio de montador; el caballo muestra sus mejores bríos y ay de quien ande entretenido en medio del camino… Uno tras otro lo intentan varias veces, solo unos pocos muestran al público el premio, que como regla, siquiera puede arrancarse con los dedos, solo puede enseñarse el ensarte perfecto, casi imposible.

El reconocimiento mayor viene después, de ahí que Yosvany Fustel anote en su libreta cada corrida la cuantía de por medio y el resultado del intento. Algún ingenuo –o desconocedor- diría que se juegan “al duro”, que hay dinero contante y sonante para el vencedor, mas la gloria es colectiva; completados los 80 pesos, se comparte el pepino de ron, como también dicta la costumbre machista: hombre que no “baje un buche”, lleva flojos los pantalones.

A más de 500 metros sobre el nivel del mar es día de festival para los campesinos de las cercanías y las lejanías, viene gente de El Sopapo, Yaguanabo, Topes de Collantes y hasta Trinidad, porque guajiros hay en todas partes, empeñados en conservar la herencia, lo mismo un viejito de 67 años, ataviado para subir a la silla con todas las de la ley, que el muchacho veintipicón, en camiseta enguatada, jeans desteñido, botas y espuelas, para completar el conjunto, casi a la usanza.

Entre viejos y nuevos jinetes lo importante es la diversión, más que la competencia. Luego todo el mundo comparte en la fiesta que sigue con cerveza, música, baile, cero problemas y que no tiene para cuándo acabar; el sol se esconderá entre las lomas, mientras las bestias permanecen amarradas muy cerca de sus dueños, ya ebrios de satisfacción, porque no hay orgullo mayor que una buena montada, esas que se guardan para el día del festival…

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2 comentarios

Archivado bajo Cubanísimos

2 Respuestas a “Entre viejos y nuevos jinetes

  1. Bárbaro H.Morales García.

    Alegría en la Serranía,muy bien por ellos…..,esto me gusta y me recuerda algunas de esta que vi allá en las lomearías del terruño años atrás,gracias Boris porque recordar es volver a vivir.

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