Cuestión de coraje

Por Boris L. García Cuartero
Creo me quedaré con las ganas de reportar desde un conflicto bélico. Aclaro que no quisiera que existieran, por ninguna razón, pero ya que son un hecho, me gustaría pararme en medio de un campo de batalla, chaleco antibalas, casco y micrófono en mano para dejar el testimonio en audio y video de lo que ocurre…
Creo, sin embargo, que no me arriesgaría en un lugar infectado con un virus altamente letal…nada, cuestión de coraje…De ahí mi admiración por quienes partieron a África para combatir una preocupación y alto riesgo contra la humanidad, de ahí mi admiración por quienes atraviesan selvas o ríos infectados de pirañas para curar las miserias de este mundo.
Son miles los sanitarios cubanos que andan por otras tierras y han dejado atrás familias, sueños irrealizados y hasta el calor del suelo que les vio nacer, para lanzarse a la aventura de atender a pacientes en sitios inhóspitos o de peligro para la vida, por la inestabilidad social de algunos parajes –y pacotilla aparte, ahí están.
Son miles los sanitarios cubanos que se fajan cada día en su caluroso suelo con pacientes y familiares que creen tener la prioridad, pues su problema es el más perentorio; que luchan contra las miserias humanas y las pocas condiciones que en ciertos lugares tienen para ejercer su labor –sin pacotilla y con las mismas dificultades que el resto de los semejantes.
Son todos, indudablemente, los mejores formados del planeta –ya eso nadie lo duda- y cuando quizás falten las condiciones para ser mejores, les sobra coraje para alcanzar metas e imponerse a las dificultades. Saben que tienen en sus manos la vida y la muerte, con la primera el éxito profesional y personal, con la segunda el dolor inagotable, aunque lógico en ocasiones.
De entre mis tantas indefiniciones, alguna vez quise ser médico, nunca me decidí por la meteorología, como quiso mi maestra de tercer grado, terminé no se ni cómo graduado de médico veterinario y me reorienté periodista por aquello de alcanzar la vocación un poco tarde…
Pensé, de la primera opción, no es para mi tener que lidiar con sangre y excrementos; de la segunda, demasiada física para mi gusto; no se cómo perdí los escrúpulos con la definición por los animales, así que definitivamente estaba apto para ser médico, aunque de periodista he tenido experiencias irrepetibles y el coraje de cuestionar, criticar, salvar, educar, informar, lo mismo desde la montaña que desde cerca de un mar embravecido…
Definitivamente si de coraje se trata, habría que llenar muchas cuartillas, pero esta vez me sometí a la página en blanco, para dedicar unas letras a los trabajadores de la Salud cubanos, dondequiera que estén, sobre todo a aquellos que ahora mismo se juegan la vida, mientras yo sigo soñando con reportar desde una guerra…

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