Maestros

Por Boris L. García Cuartero
Hoy es uno de esos días en que vuelvo a preguntarme cómo no me hice maestro. Le comentaba a mis compañeros en el Departamento Informativo que todavía no he encontrado respuesta a esa paradoja y lo califico así porque crecí entre maestros, me crié prácticamente en una escuela, corrí por los pasillos de “Fernando Cuesta” y “Mella” cuando apenas comprendía que estaba en una escuela…
El orgullo familiar era ese, ser maestros. Cuánta satisfacción la de mi abuelo cuando alguien le hacía algún comentario relacionado con su profesión y si eran sus viejos alumnos, la sonrisa era de oreja a oreja…cuánto orgullo el de mi madre, que todavía sigue al pie del cañón en tiempos difíciles para los maestros, con alumnos difíciles y más difíciles aun sus familiares…
No creo haber escuchado en casa un desestímulo a ser maestro, pero tampoco recuerdo el estímulo. Crecí en ese ambiente de letras, matemáticas e historias. Crecí con el ejemplo de un maestro en toda la extensión de la palabra, al que nunca escuché decir una mala palabra, ni en los momentos de “berrinches”, que jamás discriminó a un alumno, que era respetado y querido…de lo primero, quién sabe si por aquella regla grande que blandía como un Quijote para remediar los malos comportamientos… de lo segundo, no me dejarán mentir sus alumnos… pero eran otros tiempos…
No aceptó jamás dádivas. Sin embargo era dadivoso en extremo; me veo pequeño, de la mano de los “malos” de la escuela, camino a la escuela, de regreso a casa y luego esos mismos repasaban las lecciones con la abuela, o con el abuelo, porque la casa también era una escuela, esa de la que tomé lo que quise y dejé a un lado lo que también quise…quizás entre esos últimos el hacerme maestro…
Nunca me permitió el abuelo ser alumno en su escuela, por aquello de no ser el nieto del director. Aunque el apellido siempre me descubría y créanme que a la altura de esos pocos años, tampoco me creí cosas, fui uno más en cada escuela; también en la Universidad tuve la huella de ser un Cuartero…y pasé por todos los eventos: ordinarios, extraordinarios, mundiales y el diablo y la vela… eran otros tiempos…
No creo que sea hoy el día para repasar los desaciertos, el cambio de época. Es el día para rendir homenaje a todo aquel que escogió la difícil tarea de ser maestro, porque a la par de enseñar ha de educar con el ejemplo, la consagración, el sacrificio y pensar las 24 horas del día que es maestro, el espejo en el cual han de mirarse sus alumnos…
Comentaba hoy con mis compañeros de magisterio –porque el periodismo también lo es-, que quizás haya influido mi temperamento; no tengo mucha paciencia para enseñar, no me gusta repetir mucho las cosas y como me se todo lo malo que se puede hacer en aula –porque lo hice…conmigo no hay desquites…
No me hice maestro, pero cada martes cuando grabo el programa Mensajero Pioneril, con mi poca paciencia, he tenido que enseñar a leer e interpretar bien a más de uno de mis pequeños locutores, entonces me digo a mi mismo: Mi mismo, has saldado la deuda con la familia, aunque sin ser de esos maestros excepcionales que tuve en las escuelas donde “acabé” y los de la familia, esos que siempre admiraré…

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Sociedad

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s