La “educación” de estos tiempos…

Por Boris L. García Cuartero
…o me estoy poniendo viejo. Si, porque la educación que recibí fue hace muchos años, y aunque algunos de esos preceptos los uso cuando me parece, los más fueron bien pulidos… solo que en estos tiempos o no se educa o debe ser “posmoderna”.
Mi vecina A me pide un huevo. Con mucha educación eso si, de favor y todo, “es que quiero hacer un arroz imperial y no tengo huevos con qué hacer la mayonesa”. Me dan ganas de decirle: pues come otra cosa y deja el arroz imperial para otro día; pero y el haz bien y no mires a quién… yo digo que es jodedera, así a lo cubano, no se me ocurre salir a pedir un huevo u otra cosa, eso me lo enseñaron bien.
Mi amigo B fuma. El que no tenga cigarros ya casi es parte de la habitualidad –al menos a fin de mes es bastante común-, entonces que pida uno y otro cigarro ya es costumbre, pero tampoco tiene con qué encender, claro las fosforeras están carísimas para un salario medio, se justifica uno, por aquello de haz bien y no mires a quién, pero qué jodedera, a cualquier momento, a cualquier hora y estés haciendo lo que hagas, allá va mi amigo B a pedir con qué encender… y no te molestes, porque entonces eres el pesao…
Converso con mis compañeros C y D, de pronto llega F e interrumpe; puede que pida permiso para entorpecer la conversación y suelta lo que tiene entre pecho y espalda. Poco importa de lo que hablabas, lo suyo es más importante y tienes que callarte; puede ser una urgencia del trabajo o lo que pasó en la cola de las papas, qué más da…
A la hora de la novela –de lo poco que se puede ver en la televisión- te llama lo mismo el familiar del vecino que tu amigo G. Uno, por no ser tan pesao, le dices: mira, estoy viendo la novela, si quieres llama un poquito más tarde. Qué va, cualquiera de los dos, lo mismo el familiar del vecino que tu amigo G te espetan con una facilidad tremenda: ay, si esa novela es una mierda, cómo es que tu ves eso, yo no la veo, anda chico llámame a… (el vecino en cuestión) o te sueltan la parrafada, con más boberías que la novela de turno, pero lo suyo es más importante.
Los desconocidos –ya cualquier letra del abecedario- te pasan por el lado, te empujan si no te echas a un lado y son los chiquillos que salen de la secundaria básica te agreden con su vocabulario soez, lo mismo se recuerdan a la progenitora de un lado a otro de la calle, que se gritan el nombrete o terminan sus conversaciones a golpe del miembro viril masculino, una palabrota que para los chinos puede ser el palo para colgar los cubos, pero para los cubanos es eso, la palabra más común en cualquier conversación, y no solo de adolescentes y jóvenes, que los adultos también siempre la tienen en la boca.
Mi amiga H llega a la casa. Si se te ocurre abrir la puerta comiendo algo –lo cual es de mal gusto y mala educación… pero bueno, que uno también es humano- no tienes que esperar a brindar, ella te pide: ay qué rico se ve eso, dame una probaíta… Revisa de un vistazo cuánto tienes en la sala, en el cuarto, en el baño, en la cocina, en el comedor y el balcón, si nota algo nuevo o lo alaba o te dice con una tranquilidad tremenda: ay qué feo está eso… y como a uno lo enseñaron bien no la manda pa… eso mismo… porque todavía la “educación” de estos tiempos no ha hecho mella en lo que a uno le enseñaron…
Qué tiempos más modernos: móviles inteligentes, internet, posmodernismos en el vestir, la manera de peinarse y de comportarse. ¿Me estaré poniendo viejo…?

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