La Guille

Por Boris L. García Cuartero

La tropa del "Cinco" en el cumple de Guillermina. Foto tomada del FB de Magalys Chaviano

La tropa del “Cinco” en el cumple de Guillermina. Foto tomada del FB de Magalys Chaviano

El jurado de los premios provinciales de Periodismo, en Cienfuegos, decidió entregarle un Reconocimiento Especial a la correctora Guillermina Jiménez, por permanecer 32 años en esa labor en el periódico Cinco de Septiembre.
Tras una larga y apasionada discusión –con el ardor a flor de piel por los dos colegas que hicieran la propuesta para el Premio Antonio Hurtado, por la obra de la vida- todos comprendimos que para esa especialidad no hay reconocimiento en el gremio y decidimos iniciar otra batalla, esta vez con el propósito de honrar a esas personas que velan por la calidad de una edición.
Pero mi objetivo esta vez es otro –ya por este medio inicié la batalla. De la Guille se habló muchísimo, de su consagración al trabajo, de su ejecutoria limpia de errores publicados, de su calidad humana y su lucha por la existencia, porque a veces la vida es cruel con quien no se lo merece, y esta vez se ensañó y de qué manera…
Se habló de los inicios de Guillermina, allá por los años 80, en el entonces diario 5 de Septiembre, con sus cuatro páginas grandísimas, que desde mi visión de linotipista parecían no llenarse nunca de nuestra líneas de plomo y estábamos hasta la madrugada, arreglando por aquí, esperando la última noticia… y las correctoras con nosotros, con aquella muchachera insoportable… y la Guille, muchas veces con nosotros…
Era la más respetada de las correctoras –el resto también lo era, aclaro-, siempre seria, no había quien se atreviera a utilizar alguna jarana con ella y mucho menos a deslizarle alguna que otra línea con un chiste, de esos que por lo menos a mi, en una ocasión, me costó bien caro…
La Guille era la corrección entre las correctoras. Con aquellos aires de maestra, aconsejó a más de uno de nosotros, porque nos quería como hijos, aunque no lo exteriorizara, aunque nosotros no lo comprendiéramos… y era la “pesá” de las correctoras… aunque no hay que exagerar, también recuerdo alguna que otra sonrisa, por mi madre que no se ahora mismo porqué, pero se me antoja, que sí, que alguna vez le arrancamos una sonrisa…
En tiempos de Carnavales en Cienfuegos, cuando indisciplinadamente comprábamos algunas cervecitas y las escondíamos en el taller, había que cuidarse de la Guille, porque el alcohol no era compatible con el librarse de los errores, con la entrega a tiempo de las páginas y atentaba también contra el horario del cierre… a quien “pescara” en esos menesteres, allá iba la mano en el hombro y su frase: “muchachito, muchachito…”
No se le iba una. Las galeras que corregía regresaban a las manos de los linotipistas como verdaderas arañas pelúas… y si uno iba a decirle que allí estaba la coma, o el punto o la errata, la respuesta era simple: “puede que esté ahí, pero para por si acaso, repite la línea…”
En aquellas noches interminables, la Guille estaba ahí, con nosotros, hasta que su esposo la fuera a buscar… estoy seguro que alguno la acompañó una que otra vez a su casa, porque a fin de cuentas la queríamos, aunque no se lo demostráramos, ni se lo dijéramos, solo que cuando se sobrepasa la juventud es cuando se descubren ciertos sentimientos…
Hoy saqué la cuenta de los años transcurridos y “descubrí” que han pasado 32 que conozco a Guillermina y no encontraba manera de reconocer tanto tiempo que no fuera sumándome al Reconocimiento Especial del Jurado, porque las correctoras de periódico no tienen la manera de probar en premios su huella en tantísimas ediciones… ¡qué contradicción…!
Como sigo ligado al “Cinco” por el cordón umbilical, cada vez que puedo entro a la redacción como Pedro por mi casa -y he dicho desde mi arrogancia, que el día que me paren en la recepción me peleo con todo el mundo. Allí siempre está Guillermina, ahora con computadora y blanquita en canas, guapeando, como siempre, y como siempre, con la veneración de los de entonces y los bisoños…
Hoy me di de bruces con lo injusta que es la vida, y lo injusto que en ocasiones somos los humanos…

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