Historias huracanadas

Por Boris L. García Cuartero

indiceQue nos toca un huracán en esta temporada, parece que es un hecho. Y si bien para mis coterráneos se trata de fase informativa, pocos han dejado a un lado la “novedad” y este sábado hubo una avalancha de gente en los mercados de Cienfuegos, en busca de provisiones, para “por si…”

Casi todo el mundo tiene una historia que contar: Si una vez valoran los techos del Frontón y la gente se arriesgaba a recogerlos para luego asegurar cerca privadas o la protección de la cría de cerdos… (Lily, 17 de octubre de 1996)

Si “Michelle” no dejó una planta con vigor en la ciudad… parecía que el mar se arrojó sobre nosotros para secar cada organismo vivo en las jardinería (4 noviembre 2001) En lo personal recuerdo haber visto el cielo raso del Telecentro moverse al ritmo de los vientos, como únicamente antes lo percibí en los animados de Walt Disney. No nos movimos del Tele en esos días…

Luego “Dennis” me sorprendió con una molesta operación, la pérdida de una de las ventanas de mi apartamento y el chuchuchú de que me habían botado del Tele por un comentario inapropiado en cámara… cosa incierta, aclaro, aunque esa noche hice el contacto informativo con el Noticiero Nacional de Televisión, con un dolor del carajo… pero ahí, en cumplimiento del deber. (julio 2005)

De otros, mucho ruido, lo cierto es que hace algunos años, no nos toca ninguno, pese a la insensatez de un vecino que los pide para que “ocurra algo”, se llenen las presas… y la gente que está atenta a lo que pasa ahora mismo en el oriente cubano y en el Mar Caribe que nos toca por naturaleza.

Conozco a quien recurre a los orishas para alejar cualquier organismo tropical y todos somos conscientes de que a cualquier rincón de Cuba que llegue un ciclón, las afectaciones son generales, porque al decir de un conocido: Si se llevan la papa de Cienfuegos para La Habana, no es nada que ahora los plátanos vayan para Oriente…

Hoy le comentaba temprano a un amigo que los cubanos somos “noveleros”, nada escapa a nuestra imaginería o cuentos de ocasión. Escribo estas líneas desde la casi certeza de que por esta vez no habrá historias huracanadas que contar en Cienfuegos, pero para otros –en el oriente cubano- la triste historia de vientos, lluvia y destrucción está por escribirse…

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