Un domingo sin Fidel

Por Boris L. García Cuartero

fidel-castro_2Hoy es más aburrido que nunca. Los domingos suelen ser sosos, pesados, insulsos… salvo aquel en que nos reunimos el grupo bullanguero de la Televisión cienfueguera y nos tomamos cualquier cantidad de alcohol, bailamos, gritamos hasta que se seque el malecón y olvidamos que trabajamos en la televisión y que siempre hay un ojo que te ve, porque total, somos gente común, aunque salgamos en la televisión… pero hoy nos está prohibido vociferar…

Y no porque alguien nos lo imponga, o si, nos lo impone el corazón, el decoro, el respeto, el cariño, el honor. Este domingo es el peor de todos desde hace mucho tiempo, porque ha muerto Fidel y la gente de aquí anda triste, casi todo el mundo lleva horas con el televisor encendido, en el que se cuentan anécdotas, se habla del líder, del hombre…

Se me antoja un día gris, el más gris de todos los domingos desde hace mucho tiempo. Hay demasiado silencio en las calles, hay un silencio triste en tantas almas, que enmudece la alegría y convierte en lágrimas el fin de las conversaciones entre amigos, desconocidos y hasta críticos en la temprana cola de la leche, esos que culparon a Fidel de que el carro de la distribución amaneciera roto y el alimento no llegara temprano a la bodega…

Pero hay tantas culpas que se lleva o nos deja Fidel… entonces, cualquiera pudiera preguntarse ¿y por qué se le llora en la casa, en un lugar público o sin pudor alguno, delante de una cámara de televisión…? ¿seremos todos unos hipócritas o desmemoriados?¿de qué historia nos hablan desde muy cerca y a la vez tan lejos? ¿qué clases me perdí en la escuela, en la familia, en la vida…?

Hoy es el primer domingo sin Fidel. Quizás suenen los tambores allí, cerca y a la vez tan lejos; otros escribirán en las redes sociales lo que puede habrán sentido siempre y que no se atrevieron a decir aquí… y peor, hubo quien escribió y dijo, mientras que ahora desdice lo que escribió y dijo… ¿serán cobardes, hipócritas o arrepentidos…?

Mientras, somos los más quienes permanecemos en silencio, ese mutismo que duele profundo, sin miedos y con esperanza, quizás sea esa la razón por la que los que elegimos quedarnos en esta tierra de cojonuses no andamos como zombis por el mundo –juro que no lo digo yo, me lo escribió un amigo en mi muro. Pero duele mucho más ver la desunión y los odios entre cubanos… por eso es más triste aun este primer domingo sin Fidel…

 

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