Crónicas caraqueñas (el día después…)

Por Boris L. García Cuartero

 

Confieso que tuve mis dudas, parece que la ruta que desando cada día no es la de los grandes afectos por el presidente Maduro, quien se ratifica al frente del gobierno bolivariano luego de unas cuestionadas elecciones –por sus detractores, claro-, pero que transcurrió con normalidad y terminó en una gran fiesta en el Palacio de Miraflores.

Los medios nacionales dieron amplia cobertura al suceso, escuché de todo, desde la gente humilde que espera un cambio profundo en su país, hasta la perreta de los contrincantes de Nicolás, quienes denunciaban diversas irregularidades, quizás ciertas, quizás inventadas y en el colmo de la sinrazón, el segundo en los resultados, aun sin tenerlos a mano, ya los desconocía…

Y llegó el momento de cantar o del llanto. Mientras la televisión venezolana trasmitía el dictamen del Consejo Nacional Electoral –o más bien, del pueblo bolivariano-, en mi barrio se escuchaban explosiones y cacerolazos, así como gritos de fraude, una palabra muy recurrente en boca de aquellos que han perdido las últimas votaciones en Venezuela, una escuálida protesta frente a la decisión soberana de los confiados en un futuro mejor.

Así lo prometía el Presidente, así lo dijo durante su campaña y ahora tendrá que cumplir la palabra empeñada para sacar a este noble pueblo del desencanto que le abruma, de las necesidades cotidianas, valorizar el salario –y el trabajo- para que tenga un efecto en la vida de la gente, con tres ceros o sin esos, acabar con la delincuencia en las calles y la de cuello blanco, así como buscar un equilibrio con las fuerzas opositoras para que haya paz y prosperidad.

El día después de las elecciones, pensé, sería la hecatombe, sin embargo hay tranquilidad –al menos en el trayecto que sigo cada día hasta llegar a Telesur-, no escuché un comentario ni a favor ni en contra, la vida sigue su curso normal para muchos, menos para las fuerzas oscuras externas que todo lo desconocen, lo cuestionan, bloquean, se jactan de sus buenas intenciones… la misma película que para Cuba cumple casi 60 años.

El ya triste y célebre Grupo de Lima mostró desde bien temprano su “preocupación” por el pueblo venezolano, al que pretende “ayudar” con la misma fórmula que se aplica desde el norte a la Mayor de las Antillas… y vaya que si, están muy preocupados, pero por joderle la vida a la gente…

Así decía en una de sus partes, el comunicado de prensa de estos fantoches:

“Solicitar a las autoridades competentes de cada país que emitan y actualicen circulares o boletines a nivel nacional que transmitan al sector financiero y bancario el riesgo en el que podrían incurrir si realizan operaciones con el gobierno de Venezuela que no cuenten con el aval de la Asamblea Nacional, incluyendo convenios de pagos y créditos recíprocos por operaciones de comercio exterior –incluido bienes militares y de seguridad.

“Coordinar acciones para que los organismos financieros internacionales y regionales procuren no otorgar préstamos al Gobierno de Venezuela, por la naturaleza inconstitucional de adquirir deuda sin el aval de su Asamblea Nacional, excepto cuando el financiamiento sea utilizado en acciones de ayuda humanitaria teniendo presente previo a su otorgamiento, los posibles efectos no deseados en economías de terceros países más vulnerables”.

Confieso que tuve mis temores. Por suerte una gran mayoría de los votantes tuvo el tino de escoger la mejor opción para estos momentos en Venezuela, el resto de las variantes de (des)gobierno si que hubieran sido la hecatombe…

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